El Hay Festival a manera de oasis
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Sep 13, 2017 |
22:06
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Las Horas Perdidas
Ricardo García Mainou
Columnista en El Economista
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Recién termina la segunda edición del Hay Festival en Querétaro. El Festival literario más prolífico del planeta tiene cinco eventos en el segundo semestre del año.

Empezando con Querétaro, después Segovia (España), Aarhus (Dinamarca), Arequipa (Perú) y Reino Unido. El próximo año, inician con Cartagena (Colombia) y su festival en Gales en Hay-On-Wire.

El festival es una celebración de la literatura en todas sus facetas, desde la periodística hasta la poesía. Por sus salas de eventos desfilaron dramaturgos, novelistas, cuentistas, poetas, cronistas, editores, libreros, músicos, guionistas cinematográficos y miles de lectores.

La apuesta cultural es doblemente interesante porque no va aparejada por su contraparte comercial. No es un encuentro celebrado en el marco de una Feria del Libro o un encuentro para negociar derechos de autor y vender ejemplares a granel. Es la oportunidad para ver de cerca, conocer y posiblemente hasta charlar con autores cuya presencia es insólita en esta geografía.

El programa incluyó a doctores en astronomía (Chrisophe Galfard y María Teresa Ruiz), a un pianista celebrado (James Rhodes), un rockero poeta (Joselo Rangel), nuestro famoso escritor cinematográfico (Guillermo Arriaga), al presidente del The New York Times (Mark Thompson), y una docena de novelistas encabezados por Hanif Kureishi (Reino Unido), Héctor Abad Faciolince (Colombia), César Aira (Argentina), Lionel Shriver (EU), Paolo Giordano (Italia), José Gordon (México), por apurar algunos nombres.

Mis dos eventos favoritos: la discusión entre Arriaga, Kureishi, Shriver y Ángeles González-Sinde sobre cine y literatura, adaptaciones cinematográficas y (también) sobre las virtudes de la nueva era dorada de la televisión.

Durante la charla surgen pasiones particulares como aquello de que en español minimizamos al escritor de cine llamándolo guionista, cuando en inglés es screenplayer. Para Kureishi, el escritor es el verdadero autor y no el director de la película.

Se menciona de refilón la era dorada de la televisión. “No importa quién dirige, es el paraíso de los escritores”, dice Kureishi. Consenso respecto a la televisión como el medio ideal para llevar una novela a la pantalla. “En catorce horas, sí puedes contarlo todo”. Shriver que describió antes el frustrante proceso de adaptación de novelas como decidir “para qué te alcanza”; se preocupa si logrará profundizar en sus personajes literarios como lo está haciendo la buena televisión.

Segundo evento favorito: la charla lúcida y apasionante entre John Lee Anderson (periodista legendario y co-lumnista en The New Yorker) y Mark Thompson (presidente de The New York Times y ex director de la BBC) a propósito del libro del segundo. El libro se llama Enough said. Thompson se inspiró en la crisis de confianza entre el público y la clase política en el mundo occidental. Una desconfianza detonada por el manejo cínico y manipulado de la información durante la guerra con Irak y la crisis financiera de 2008.

El argumento de Thompson es que la crisis surge de la manera en que ha cambiado el lenguaje público en los últimos años. Y es una situación que para Thompson es desesperada, pues la democracia depende de un diálogo público, de una discusión de propuestas, de escuchar al otro y entender que su postura puede ser tan válida como la tuya.

El lenguaje público desde las frases populares y reduccionistas de Sarah Palin hasta los tuits de Trump ha cambiado (y radicalizado) por completo el debate. “Los políticos sienten que tienen que hacer declaraciones cada vez más disparatadas y promesas incumplibles para conectar con el público”.

Para Thompson, es indispensable volver a la enseñanza de la retórica, puesto que es a través de ella que entendemos cómo expresar nuestras ideas, cómo persuadir y como argumentar a su favor y en contra de otras posturas. La situación actual refleja un mundo donde las palabras y el discurso han perdido fuerza y lo que quedan son aspavientos, poses y mucho cinismo.

¿Quién organiza festivales literarios en países donde “nadie lee”? Un grupo de gente que considera que la validación comercial y la idea de ir en sintonía con lo económico y pragmático no basta para una vida plena. Que entiende que el núcleo de la misma idea de civilización necesita nutrirse del arte y la creación para poder existir sin autodestruirse.

Asistir al Hay es como sumergirse en una dimensión paralela donde las ideas y el arte son más importantes que las trivialidades cotidianas, donde el lenguaje recobra su valor no sólo como vía de escape de la realidad, sino como la mejor manera para definirla, entenderla y ultimadamente modificarla.

Dio gusto ver este año, salas repletas, boletos agotados, y largas filas de lectores esperando la oportunidad para una firma, foto o simplemente agradecer al autor favorito. Esperemos que el gobierno de Querétaro siga apostando por la cultura y el Hay Festival continúe el próximo año, sumando uno o dos días a los cuatro en ese remanso de las ideas y la civilización.

@rgarciamainou

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