Mercado de arte

“Un día comencé a coleccionar, sin saber que me había encadenado de por vida a un noble e implacable amo”, dice César Cervantes, coleccionista de arte, parafraseando a Truman Capote. Cervantes ha conciliado su interés por el arte con su labor como empresario -es Director Corporativo de Taco Inn.

La madurez del mercado del arte mexicano requiere un mayor enfoque hacia los nuevos artistas. Obras de artistas mexicanos se encuentran en las colecciones del MoMA y la Tate Modern de Londres. Son piezas de Abraham Cruzvillegas, Damián Ortega o Gabriel Orozco.

Entre galerías y casas de subastas, las obras hacen su recorrido por el tiempo, el espacio y los dueños. “Es preferible comprar a través de las galerías e invariablemente hay que desconfiar de dos tipos de artistas: los que hacen venta directa o los que tienen más de un ayudante”, afirma César Cervantes, uno de los coleccionistas más activos de México.

El sector lucha por alcanzar la mayoría de edad. Es pequeño, caprichoso y muy influenciado por el exterior. Obedece los postulados de la economía en contadas ocasiones y, en palabras del economista Rafael Matos, es “inversamente proporcional a la bonanza del país”.

De acuerdo con el presidente de Artemundi, Javier Lumbreras, el arte “es un activo real como el oro o la propiedad inmobiliaria, con la ventaja de que es portátil, tiene un costo de mantenimiento bajo y ofrece rendimientos estables a lo largo del tiempo”.

Distribuir contenido