2014: ¿nos olvidamos de Casandra?
Por quinta vez consecutiva, los augurios para el año que viene son favorables. Nuevamente, el año cierra con números económicos positivos y con ellos se acrecienta el optimismo entre los inversionistas.

Muchos analistas han vuelto a emitir pronósticos que indican un desempeño mucho mejor de las economías desarrolladas. Principalmente en Estados Unidos resurge la creencia de que puede llegarse a una recuperación robusta.

En los últimos cuatro años, al inicio de los mismos ha existido un optimismo similar; y a mitad de cada periodo ha surgido una fuerte frustración. Por eso, este año, por más que los indicadores muestran una agradable mejora, es difícil que los inversionistas no muestren escepticismo. La principal inquietud entre muchos analistas es sufrir el Mal de Casandra, aquel ser mitológico que tenía el don de la profecía pero que, por una maldición de Apolo, es condenada a que sus predicciones no fueran creídas o tomadas en serio por el resto de la gente.

En esta ocasión existe un avance en las cifras de empleo en Estados Unidos; asimismo, la producción industrial y el sector inmobiliario a nivel global han mostrado un repunte durante el segundo semestre. Es cierto que los crecimientos de todo el 2013 serán pobres debido a un primer semestre malo; pero aún son endebles los argumentos para anticipar un crecimiento que vaya a ser mucho mejor en el 2014.

Las secuelas de la gran crisis financiera del 2008, cinco años después, están aún muy presentes. Muchos gobiernos mantienen un elevado déficit fiscal. Ello implica que los ajustes en el gasto de los gobiernos continuará mermando la capacidad de generar un crecimiento muy fuerte. En algunos lugares persistirá el elevado desempleo.

Los sectores bancarios, en especial en Estados Unidos y Europa, aún no funcionan con normalidad; es decir, no son capaces de dinamizar el crédito, alimento esencial de una recuperación más robusta. En este caso, el proceso regulatorio sigue en marcha y la reconfiguración de la banca implica la presencia todavía de pocos incentivos para que se convierta en un detonador relevante.

Por último, la lentitud en el avance del empleo y las dudas que esto genera siguen inhibiendo la inversión de las empresas que todavía se concentran en el margen de utilidad antes que en una expansión de su capacidad.

México puede ser una excepción agradable. Es muy evidente el contraste que habrá en el crecimiento durante el primer semestre del 2014 con relación a lo que se vio el año pasado. Las dos razones principales para que esto vaya a ser así son que el gasto del gobierno tendrá una dinámica muy distinta y que la recuperación del sector industrial norteamericano será también mejor al estancamiento del primer semestre del 2013.

Estos hechos pueden verse aderezados por una mejoría lenta pero segura en la inversión de capital, al concretarse los cambios legales en el sector energético.

En resumen, los argumentos existen para pensar en un año más agradable. En México, especialmente, los hechos a favor de un mejor año parecen ser muy precisos. Desde la perspectiva actual es difícil que exista una nueva decepción en cuanto al crecimiento; pero siguen existiendo muchos factores adversos difíciles de manejar.

La concreción de un mejor año no sólo depende de que las cosas continúen siendo favorables, sino también de que las autoridades mantengan un desempeño exitoso. Nuestro mejor deseo es que así suceda. En lo particular, que tenga usted un exitoso y feliz año.

*Rodolfo Campuzano Meza es director de Estrategia y Gestión de Portafolios de INVEX. Cualquier pregunta o comentario puede ser enviado al correo: perspectivas@invex.com

Twitter: @invexbanco

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