Lecciones de un desastre

CREDITO: 
Ana Francisca Vega

Efecto mariposa Por: Ana Francisca Vega

A pesar de que Estados Unidos ha llegado a pensar en Karzai como ‘el menos peor’ de los posibles líderes afganos, en realidad no ha sido el aliado que esperaba”.

El presidente Barack Obama y su más cercano equipo de colaboradores en la Casa Blanca tienen un nuevo tópico de lectura: la guerra de Vietnam.

Distintos reportes de prensa han documentado cómo es que Lessons in a Disaster de Gordon M. Goldstein, académico y consultor en política exterior, se ha convertido en la referencia básica en las discusiones de la administración de Obama sobre qué hacer con la guerra en Afganistán.

De acuerdo con esta perspectiva, es posible observar al menos cuatro analogías entre Vietnam y Afganistán: el número de muertes va en aumento, la oposición de la opinión pública también, la legitimidad del gobierno local es sumamente cuestionable y los militares en tierra están pidiendo urgentemente más refuerzos militares.

Aún más, no hay un consenso entre las autoridades civiles y militares en Afganistán con respecto a lo que debe hacerse: el propio embajador estadunidense Karl Eikenberry ha enviado al menos un par de memoranda a la Casa Blanca para expresar su oposición a la posibilidad de que el presidente Obama decida escuchar a su principal mando en Afganistán y envíe a 40,000 soldados más a combatir al talibán.

A Eikenberry, como a parte del equipo cercano de Obama, le preocupa la capacidad política y la legitimidad del gobierno de Hamid.

Gran pendiente

A pesar de que EU ha llegado a pensar que Karzai es “el menos peor” de los posibles líderes afganos, en realidad no ha sido el aliado que esperaba. Organismos internacionales han documentado el altísimo nivel de corrupción en la administración pública, problema que Karzai no ha combatido seriamente desde que llegó al poder en el 2001.

El tráfico de armas y drogas se ha incrementado también considerablemente en los últimos años. La elección con las que se reeligió hace menos de un mes ha sido duramente cuestionada por la comunidad internacional y, lo que es quizá más importante, es considerada como “ilegal” por Abdulá Abdulá, su principal contrincante político.

Ya lo dijo Robert Fisk, conocido periodista del diario británico The Independent: “Como en Vietnam -en donde Saigón era un reino solitario y poderoso completamente aislado del resto del país- Karzai va a volver a gobernar en una pequeñísima isla de corrupción, protegida por mercenarios estadunidenses, mientras que Estados Unidos realiza su conocido papel de apuntalar al dictador.”

Dilema de Washington

Obama ha tratado de enviar un mensaje claro para Karzai: si envío a 40,000 soldados más, necesito certezas de que la situación de corrupción en la administración va a cambiar. Karzai ha prometido que así será, el problema es que no es la primera vez que lo ha hecho y Obama tiene muy pocas garantías de que esta vez tomará su promesa en serio.

La decisión que el presidente Obama tendrá que tomar no sólo será sobre el destino de 40,000 soldados, sino también sobre cómo y para qué serán utilizados.

No hay una decisión 100% satisfactoria. La situación en el terreno es tan mala que, otra vez, es una cuestión de escoger entre lo menos malo.

Existe una posibilidad de que Obama decida ir por una opción intermedia que no deje contento a nadie: menos tropas con funciones limitadas. Es decir, es probable que decida simplemente comprarse un poco de tiempo en lo que logra dilucidar cuál debe ser el objetivo principal de la fuerza militar de EU en un país que se está desmoronando.

Quizá le hizo ruido una de las lecciones que describe Goldstein: “Nunca despliegues mayor fuerza si no tienes claro el objetivo final.”

afvega@eleconomista.com.mx

El presidente Barack Obama y su más cercano equipo de colaboradores en la Casa Blanca tienen un nuevo tópico de lectura: la guerra de Vietnam.

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