La refinería, el día 101
Al gran proyecto de infraestructura petrolera le han sembrado la duda y la sospecha.
CREDITO: 
Enrique Campos Suárez

La gran depresión Por: Enrique Campos Suárez

Al gran proyecto de infraestructura petrolera le han sembrado la duda y la sospecha.

Está claro que conseguirle a la empresa petrolera 700 hectáreas no es fácil, mucho menos cuando la ubicación de la nueva refinería se volvió un asunto tan públicamente comentado.

A Petróleos Mexicanos siempre se le ha visto con signo de pesos (pregúntenle a Hacienda). Y cuando se anuncia que hay un proyecto petrolero en puerta en determinada zona, todos quieren cobrar en lingotes de oro.

Lo que menos ayudó a este proceso fue su mediatización. Convertida la refinería en la hija única de tan discutida reforma energética, obviamente atrajo a los paparazzi.

Y es que su concepción ya no tuvo las características de un proyecto industrial, como tantos otros en el país que buscan discretamente las mejores condiciones territoriales, de infraestructura, seguridad, etcétera, para su realización.

“La refinería” fue convertida en una celebridad. Tanto así, que se optó por formar a los galanes que habrían de competir por el honor de contraer nupcias territoriales con el gran proyecto.

No es cualquier cosa hacer una instalación de este tamaño e inversión.

Pero el proyecto perdió su virtud técnica, para inscribirse en el terreno de la frivolidad política. Y eso cuesta.

Por eso es que al momento de negociar las tierras para construir el proyecto, los terratenientes no están vendiendo hectáreas para un proyecto industrial. Están vendiendo los terrenos para uno de los eventos políticos más importantes de los últimos tiempos: la construcción de “La refinería”.

Y en eso consumió el estado de Hidalgo los 100 días de plazo que Pemex fijó y el gobierno de Miguel Ángel Osorio Chong aceptó. Hoy es el día 101 y hasta este punto no existe la certeza de que el gobierno de Hidalgo haya sido capaz de garantizar el terreno para la refinería. Y no se trata solamente del préstamo que obtuvo a través de la banca privada.

Tampoco es un asunto de tener un pacto con los ejidatarios. El tema se llama certeza jurídica.

El gobierno del estado de Hidalgo debió haber entregado antes de ayer la certeza a Petróleos Mexicanos de que los territorios de los que dispondría para construir la refinería de Tula estaban totalmente libres de cualquier problema futuro de propiedad.

De lo contrario, si no se da una certeza jurídica, y eso es un asunto que compete a la reforma agraria, el día de mañana puede aparecer un ejidatario inconforme que inicie un proceso judicial y que logre parar la construcción de miles de millones de pesos.

Este jueves al mediodía, Petróleos Mexicanos va a informar qué es, de hecho, lo que el gobierno de Hidalgo le entregó. Si hay los elementos jurídicos suficientes que garanticen la propiedad absoluta en favor de la paraestatal, la refinería es suya, aunque sea en el día 101.

Pero esto es una facultad de la autoridad reguladora de la tenencia de la tierra en México, la Secretaría de la Reforma Agraria, que todavía ayer repetía que el cambio de régimen de propiedad era indispensable para la venta de tierra ejidal. Y que sólo hasta que el ejidatario concluye el registro de su título de propiedad de la parcela en el Registro Público de la Propiedad, la tierra pasa a ser propiedad privada. Está muy claro que sin este proceso terminado en Tula, lo que privaría es inseguridad jurídica.

Es un hecho, si Pemex no cuenta con esa certeza, volteará de inmediato, sin plazos adicionales, a Salamanca y simplemente verá si la situación jurídica del territorio que tiene prometido el gobierno de Guanajuato es de solvencia legal, ahí se construye la refinería. Punto.

Si tampoco tiene total certeza sobre la propiedad de la tierra. Entonces se dará un último banderazo de salida a las dos plazas, para que la primera que logre tener territorio jurídicamente seguro, cuente con esta importante inversión.

Veremos entonces un final inesperado: la sede de la tan codiciada refinería quedaría en manos de la prácticamente olvidada Secretaría de la Reforma Agraria.

Al gran proyecto de infraestructura petrolera le han sembrado la duda y la sospecha.

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