Sopa de letras
Durante las últimas semanas, el debate sobre la recuperación económica a nivel global se ha movido de la arena del “cuándo” al terreno del “cómo”.
CREDITO: 
Joaquín López-Dóriga Ostolaza

Sin Fronteras Por: Joaquín López-Dóriga Ostolaza

Durante las últimas semanas, el debate sobre la recuperación económica a nivel global se ha movido de la arena del “cuándo” al terreno del “cómo”. Aunque el debate es muy amplio y profundo, la esencia está en la velocidad y consistencia de la recuperación económica.

En términos simples, la recuperación económica se podría dar en forma de “U”, “V” o “W”. Una recuperación en forma de “U” estaría marcada por un periodo de estabilización en la actividad económica seguido de un crecimiento muy gradual.

Mientras que una recuperación en forma de “V” implicaría un periodo de estabilización muy corto y una rápida recuperación en el ritmo de crecimiento económico que sería casi tan acelerada como la precipitosa caída que se vivió desde el año pasado.

Finalmente, una recuperación en forma de “W” implicaría una recuperación rápida pero fugaz, seguida de un nuevo periodo de contracción de la economía antes de finalmente emprender una senda de crecimiento más adelante.

Históricamente, las recesiones más profundas han tenido casi siempre una recuperación en forma de “V”; sin embargo, el consenso actual entre los expertos es que la recuperación que apenas comienza tendrá forma de “U”.

El argumento principal en contra de una recuperación en forma de “V” es que el consumo, principal motor de la economía de Estados Unidos y la global. Muy probablemente se mantenga deprimido dado el traumático proceso de desendeudamiento por el cual atraviesan los hogares de las grandes economías desarrolladas como EU y Reino Unido, en combinación con un débil mercado laboral.

Sin embargo, en las últimas semanas se ha escuchado un creciente número de voces en favor de una recuperación en forma de “V”.

Una de estas voces es la de James Glassman, de JP Morgan, quien argumenta que la recesión actual ha causado tal restricción en el consumo privado que se está gestando una gran demanda insatisfecha que pronto desatará una nueva ola de crecimiento en el consumo.

Otros expertos en favor de la recuperación en “V” afirman que los niveles de inventario han bajado a tal grado que una recuperación importante en la producción de varios bienes es inevitable.

Este último argumento tiene mucha validez, pero se trata más bien de un ajuste en el ciclo de inventarios, cuyo impacto en la actividad económica podría ser sólo temporal.

En el otro extremo están aquellos en favor del escenario de la “W”, argumentando que la economía está entrando en un periodo de recuperación sumamente frágil y artificialmente alimentado por los programas de estímulo.

Los economistas de Merrill Lynch argumentan que los escenarios en forma de “W” no son muy frecuentes y cuando ocurren es porque la economía se ve afectada por un nuevo choque externo, como lo podría ser un aumento desmedido en los precios del petróleo, lo cual en estos momentos consideran como poco probable.

En esta columna hemos mencionado en varias ocasiones que lo más plausible es un escenario en forma de “U”. Sin embargo, Merrill Lynch propone una alternativa intermedia que hace mucho sentido.

Sus economistas argumentan que la recuperación será más bien en forma de “√”, es decir, que la actividad económica experimentará un fuerte rebote en el corto plazo, pero que después se estabilizará en un ritmo de crecimiento sano, pero por debajo del observado durante los últimos años.

Esta pragmática alternativa toma en cuenta el impacto positivo del ciclo de inventarios en el corto plazo, pero también toma en cuenta que el consumidor permanecerá en una situación complicada en el mediano plazo que lo obliga a ahorrar más y consumir menos.

Durante las últimas semanas, el debate sobre la recuperación económica a nivel global se ha movido de la arena del “cuándo” al terreno del “cómo”.

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