Trascendencia
Todo gobernante desea trascender, el nuestro tiene una oportunidad de oro. Está en Copenhague este diciembre y en el proceso de negociación que culminará el año próximo en México.
Se trata del nuevo régimen internacional de lucha contra el cambio climático que entrará en vigor a partir del 2012. Puede cortar desde fuera el nudo gordiano e imponerse a los privilegios de grupos de interés, a la obcecación ideológica de la clase política, y al posibilismo mediocre que impide reformas de fondo. ¿Cómo?
El gobierno mexicano debe proponer compromisos vinculantes unos, y voluntarios otros para los países emergentes como China, India, Brasil, Indonesia y el nuestro. Ganaría liderazgo de verdad y reconocimiento universal, y haría una contribución determinante al éxito de las negociaciones. Es uno de los temas torales de Copenhague y de toda la arquitectura del nuevo acuerdo multilateral.
De cualquier forma, no nos vamos a escapar. Sin el compromiso de estas naciones sería imposible lograr los objetivos necesarios de estabilización climática. Pero la propuesta debe venir de México, y apuntar hacia una economía eficiente y competitiva, y desde luego, baja en carbono.
Esperar a que los compromisos nos sean impuestos no abonaría al interés ni al prestigio nacional. El llamado Fondo Verde, promovido por México, despierta simpatía condescendiente, pero fondos multilaterales hay muchos y habrá más, la propia Convención lo establece, no es novedad.
El mercado de carbono ha demostrado que funciona para movilizar masivamente inversión privada hacia los países en vías de desarrollo, si las reglas son adecuadas.
No hace falta un nuevo esquema de contribuciones centralizado y complejo, y tal vez inequitativo; lo que sí hace falta en la arena internacional es visión, convicción política y audacia para detectar oportunidades y asumir compromisos. Lo demás vendrá por consecuencia lógica.
El gobierno mexicano debería proponer algo serio, rotundo, constructivo, eficaz para destrabar las negociaciones y para trascender sirviendo a los mejores intereses del país a largo plazo. ¿Qué? Compromisos en sectores que representan casi 70% de las emisiones de México.
Primero: deforestación neta cero, que se puede lograr simplemente cambiando el código de operación de Conafor, y reorientando los cuantiosos presupuestos hoy perdidos inicuamente en Procampo, Progan y Proárbol.
Segundo: en el sector eléctrico, apertura y rehabilitación inteligente de la red, y sistema de primas y créditos fiscales a empresas generadoras con fuentes renovables.
Tercero: eliminación de subsidios y establecimiento de un carbon tax a los combustibles automotrices.
Cuarto: eficiencia y participación privada en Pemex para abatir fugas, venteo y quema indiscriminada de gas natural (metano). Esto es lo que el mundo esperaría y celebraría de México; los mexicanos también. Significaría terminar con un obsceno e insostenible derroche fiscal, reformar monopolios anacrónicos, y poner fin a la destrucción vergonzosa de la riqueza natural del país.
Seríamos más competitivos y prósperos, y haríamos una valiosísima contribución contra el calentamiento global. Reformas hasta ahora imposibles quedarían selladas. Este gobierno trascendería.
gquadri@eleconomista.com.mx
Verde en serio
Todo gobernante desea trascender, el nuestro tiene una oportunidad de oro. Está en Copenhague este diciembre y en el proceso de negociación que culminará el año próximo en México.












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