¿Qué nos dice la tasa promedio de interés?
Dejando de lado comisiones e impuestos, las estadísticas del Banco de México dicen que durante los últimos dos años, la tasa promedio de interés de las tarjetas de crédito para los hogares fue de 34 por ciento.
columnas
Mar 19, 2009 |
21:37
CREDITO: 
Pablo Cotler*

Dejando de lado comisiones e impuestos, las estadísticas del Banco de México dicen que durante los últimos dos años, la tasa promedio de interés de las tarjetas de crédito para los hogares fue de 34 por ciento. Tomando en consideración la tasa de inflación durante ese periodo, el dato sugiere la presencia de una alta tasa real de interés.

Esta misma fuente dice que el costo promedio de fondeo de la banca fue de 5%, con lo que también parece observarse un amplio margen de intermediación.

Datos como éstos son los que han desatado un debate acerca de posibles costos y beneficios de imponer controles a las tasas activas de interés o al margen. Pero esas cifras difícilmente describen el verdadero escenario.

En primer lugar, no queda claro cómo el banco central calculó la tasa promedio de interés.

Dada la variedad de tarjetas y su desigual participación en el mercado, es difícil creer que la cifra de 34% se haya obtenido a través de un promedio simple. Lo más probable es que sea resultado de un cálculo que considere el monto de transacciones que se pagó con cada tarjeta o la línea de crédito que cada una tiene establecida o el saldo insoluto del crédito utilizado. Sin embargo, cada una genera sesgos en la medición.

Así, por ejemplo, si la ponderación fuera hecha utilizando el tamaño de las líneas de crédito o el monto de transacciones realizadas con las mismas, lo más probable es que la tasa promedio resultante esté sesgada a la baja, pues las familias más ricas tienden a ser las que tienen mayores líneas de crédito, las que más transacciones realizan y las que pagan una menor tasa de interés.

En dicho caso, la tasa promedio estaría muy por debajo de lo que paga 50% de tarjetahabientes.

Dada la desigual distribución de activos que hay en el país, los movimientos de la tasa de interés promedio difícilmente nos da información de lo que acontece con la tasa que paga el ciudadano promedio. Para ello, se requiere conocer cómo es la distribución de las tasas, cómo son las promedio de interés por deciles de líneas de crédito.

Con dicha información podríamos conocer qué impacto tiene una mayor concurrencia de instituciones financieras sobre las tasas de interés, así como qué sectores poblacionales serían los más afectados por un eventual tope de las tasas activas de interés.

En segundo lugar, medir la rentabilidad de las tarjetas de crédito por medio de la diferencia entre la tasa promedio de interés y el costo de fondeo es erróneo.

Hay que recordar que estas líneas de crédito se ofrecen sin respaldo de garantías y que la normatividad exige a los bancos (pero no a otras instituciones) constituir provisiones conforme con el perfil del deudor y al comportamiento de la morosidad. Ello ocasiona que el costo de fondeo sea sólo una de las partes del costo total de prestar.

A éste hay que añadirle el costo operativo y el costo regulatorio.

Dicho lo anterior, el verdadero margen de intermediación es inferior al que surge de esa simple resta. Qué tanto baja, es difícil saberlo, pues la autoridad tampoco ofrece mucha información al respecto.  

Sin embargo, con base en información anecdótica, es probable que el verdadero costo promedio de prestar se acerque a tasas equivalentes de 10 a 15 por ciento. En caso de que siguiéramos considerando una tasa activa promedio del orden de 34%, el margen en términos reales sería inferior a los 20 puntos, lo cual no estaría muy alejado de lo que paga una persona de clase media en el país del norte.

Con todo esto, no quiero sugerir que no haya espacio para que bajen las tasas activas de interés. Más bien, lo que deseo resaltar es la carencia de información estadística. Es necesario que las autoridades difundan más información acerca de la distribución de las tasas de interés que pagan los hogares por sus tarjetas.

Finalmente, unas breves palabras sobre el control de tasas. Considero que una medida de esa naturaleza no es la más adecuada. Ella generará un aumento en las tasas de interés que pagarán los sectores excluidos por la propia medida e inducirá a una mayor presencia de entidades financieras no reguladas.

Ambos resultados son ciertamente indeseables. Si queremos que bajen las tasas de interés, debemos abocarnos a entender qué hay detrás de los altos costos operativos y regulatorios que enfrentan los bancos y por qué no se observa una férrea competencia entre los productos que se ofrecen a las clases medias del país.

Pablo Cotler es parte del departamento de Economía de la Universidad Iberoamericana. Su e -mail es pablo.cotler@uia.mx

Dejando de lado comisiones e impuestos, las estadísticas del Banco de México dicen que durante los últimos dos años, la tasa promedio de interés de las tarjetas de crédito para los hogares fue de 34 por ciento.

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