Lula, el orquestador
Efecto mariposa Por: Ana Francisca Vega
Hay razones e intereses muy específicos por los que podemos esperar que Brasil asuma su rol para beneficio de la región”.
Para muchos analistas es la hora de las definiciones para Luiz Inácio Lula da Silva. La gran pregunta en la mesa: quiere o no ser el motor de cambio para América Latina. Porque si algo ha quedado claro en los últimos años, es que Brasil es el único país en la región con la capacidad y el peso para hacerlo. Nadie más. Hoy, tristemente, la influencia del otro “histórico” posible, México, está muy desgastada.
Ya lo decía la revista The Economist hace un par de ediciones: “Éste es un buen momento para ser brasileño".
Como mexicano, uno lee eso y le da envidia, de la buena. Pero, volvamos al tema que nos ocupa, el de los liderazgos en la región y preguntémonos ¿por qué es tan importante que el gigante sudamericano tome la batuta?
1. Porque nuestras instituciones interamericanas, particularmente la Organización de los Estados Americanos (OEA) ha demostrado ser incapaz de sortear las luchas ideológicas que tensan, cada vez más y con cada vez mayor frecuencia las relaciones entre los países sudamericanos.
2. Porque, ya lo decíamos, el “otro” contrapeso histórico al poder estadounidense de la región, México, está enfrascado en una situación interna que compromete seriamente su capacidad para liderear.
3. Porque, en política, los vacíos de poder no existen…, mejor dicho: existen, pero duran muy poco. Siempre habrá quien llene con su influencia -positiva o negativa- lo que otros desocupan. En el contexto latinoamericano es infinitamente más conveniente el establecimiento de un “orden brasileño” incluyente, crecientemente tolerante y democrático, que el conflictivo “todo o nada” chavista de la izquierda o uribista de la derecha.
Grandes esperanzas
En suma, Latinoamérica necesita un Brasil fuerte, propositivo y conciliador. La buena noticia es que hoy Brasil también necesita afianzar su liderazgo regional para incrementar su influencia global.
¿Cómo operaría el “orden brasileño”? Como en la historia pasada de los equilibrios de poder en el mundo, el carácter y dimensión de la influencia brasileña se irá viendo con el tiempo. Por lo pronto en la Cumbre pasada de Unasur, en la que Hugo Chávez y Álvaro Uribe llegaron con la espada desenvainada, Lula salvó el día y logró un consenso que no se veía cómo se podía alcanzar en el estado en que están las cosas.
¿Que cómo lo logró? Días antes de Unasur, el Presidente brasileño recibió en “gira relámpago” a Uribe, llamó a Barack Obama para explicarle la tensión que genera con Venezuela la presencia militar de ese país en Colombia y se reunió con Evo Morales.
Antes del inicio de la Cumbre, le pidió a Chávez que no promoviera el aislacionismo en contra de Uribe, es decir, que no lo exhibiera ni que incitara a las demás naciones a dejar solo al colombiano.
Y no sólo consiguió que todos los países endosaran una posición oficial de cooperación y diálogo, sino que además tomó el micrófono y en reunión televisada, acusó a algunos líderes latinoamericanos de tener una doble cara: una cooperativa en privado y una combativa y conflictiva frente a la opinión pública. “No hablamos como pensamos o sentimos”, dijo Lula.
La estrategia brasileña funcionó. Veremos en los próximos meses si la declaración de buena voluntad se convierte en letra muerta o si Lula continúa acompañando el proceso de diálogo entre Colombia y Venezuela.
Lo que queda claro es que Brasil está ya en una posición de poder y peso global que para sus vecinos es cada vez más difícil ignorar su liderazgo y que, utilizado positivamente, puede ser el elemento que le dé cohesión y dirección a la región. Lo que nos interesa a todos.
afvega@eleconomista.com.mx
Para muchos analistas es la hora de las definiciones para Luiz Inácio Lula da Silva. La gran pregunta en la mesa: quiere o no ser el motor de cambio para América Latina.







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