La paradoja del popular
Efecto mariposa Por: Ana Francisca Vega
Por el momento, la opinión pública estadounidense le está dando el beneficio de la duda al presidente Obama, pero los números indican que no será por mucho tiempo”.
Nada catastrófico ha sucedido en los casi nueve meses de Barack Obama en la Presidencia de Estados Unidos. Es más, si revisamos con cuidado lo que ha hecho en este tiempo, nos damos cuenta de que -para sorpresa de muchos- ha logrado cumplir con una buena parte de sus promesas de campaña. Aun así, su popularidad ha registrado un descenso de alrededor de 20 puntos: de 65% de aprobación en enero, a 45-50% en agosto.
¿Qué explica esta caída? ¿Qué implicaciones podrá tener para su Presidencia?
Una de las promesas más populares de Obama durante su campaña por la Presidencia tenía que ver con redigirir la guerra contra el terrorismo, declarada por su antecesor y que tenía a su país enfrascado en un conflicto armado que no tenía ni pies ni cabeza. ¿Su objetivo principal? Mover el blanco de Irak y dirigir la fuerza y diplomacia estadounidenses a Afganistán, “la guerra que debemos ganar”, como lo dijo él mismo.
Cambio de estrategia
Tres meses después de asumir el poder, Obama anunciaba ya su estrategia para cambiar el rumbo de la guerra: sacar a más de 80,000 soldados de Irak en el transcurso de un año e incrementar en 30,000 los efectivos militares en Afganistán en el mismo periodo.
La estrategia va en marcha: Afganistán se ha convertido nuevamente en el centro de los medios de comunicación y como era de esperarse, el número de soldados muertos se ha incrementado.
La cuestión es la siguiente: la encuestadora Gallup reporta que 61% de personas creen que la guerra en Afganistán “no es un error” -a diferencia del frente iraquí, reprobado en ese sentido-, pero el mismo 61% piensa que militarmente no les está yendo bien, la peor calificación desde que Gallup comenzó a hacer esta encuesta en el 2001.
Por el momento, la opinión pública estadounidense le está dando el beneficio de la duda a Obama, pero los números indican que no será por mucho tiempo.
El Presidente estadunidense sabe que debe reducir la percepción pública de que les está yendo mal en Afganistán para que el Congreso acepte los incrementos de tropa (y recursos) para continuar con su estrategia.
Costosa reforma
Aun así, el problema de la popularidad de Obama no es atribuible completamente a Afganistán, ni a los otros grandes temas de política exterior: Cuba, Corea del Norte y la relación con Medio Oriente parecen haber avanzado positiva -aunque lentamente- en el sentido en que el Presidente los pensó.
La popularidad del Mandatario ha caído por la incapacidad de convencer al Congreso de pasar su reforma al sistema de salud, que a la fecha es un galimatías que ya pocos pueden descifrar.
Entre la opinión pública, Obama ha perdido puntos con los votantes independientes, pero más significativamente entre los propios demócratas. Sin embargo, es de notar que no ha perdido ni un punto de su popularidad “personal”. Es decir, a la gente le sigue gustando el Presidente, simplemente no están muy seguros de que sus políticas sean las correctas. Obama, el popular, se enfrenta con Obama, el político, que parece ir perdiendo la batalla.
Quién se impondrá y por qué razones es algo que veremos en las próximas semanas. Falta saber cuántos puntos más de popularidad está dispuesto a sacrificar por la reforma al sistema de salud, que ya parece una guerra de baja intensidad: costosa, larga y desgastante.
Del estado en que salga de ésta, dependerá el futuro de su agenda legislativa: reforma energética y, más importante para México, la tan esperada reforma migratoria.
afvega@eleconomista.com.mx
Nada catastrófico ha sucedido en los casi nueve meses de Barack Obama en la Presidencia de Estados Unidos.







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