Recordar antes de votar

Ventana Política
CREDITO: 
Verónica Ortiz*
En estos días de reflexión previa a las elecciones, y quizá todavía de indecisión entre votar, no votar o anular, cabe recordar algunos hechos que nos trajeron la situación política que enfrentamos hoy.

La democracia necesita partidos. Anulando nuestro voto los estaremos “enviando al diablo”, con todas sus consecuencias. ¿Eso queremos?

En estos días de reflexión previa a las elecciones, y quizá todavía de indecisión entre votar, no votar o anular, cabe recordar algunos hechos que nos trajeron la situación política que enfrentamos hoy. Si bien el descontento popular y los movimientos en favor del voto nulo pueden encontrar justificación en las acciones de todos los partidos y todos los políticos, resulta imposible ignorar la grave responsabilidad de la izquierda mexicana y, particularmente, de su líder más visible en el deterioro de nuestra joven democracia.

Hagamos memoria y repasemos someramente lo que podría haber sucedido, o dejado de ocurrir, si el 2 de julio del 2006 López Obrador hubiera admitido su derrota. Obviamente no se habría dado el conflicto poselectoral, ni el plantón de Reforma, ni el desfiguro de la “presidencia legítima”.

Sin esas distracciones, el PRD podría haberse concentrado en aprovechar su triunfo electoral, ése sí legítimo, y consolidarse como la segunda fuerza política nacional y la primera oposición legislativa. Tampoco habría habido necesidad de descabezar al IFE ni de imponer una reforma electoral regresiva (a cambio de otra reforma fiscal insuficiente).

Nuestra economía estaría sufriendo igual la crisis mundial y obviamente no habríamos podido evitar el brote de influenza humana en el país. Tampoco habríamos acabado con la inseguridad y la violencia generada por el crimen organizado. Pero, al menos, tendríamos un régimen democrático fortalecido y una mayor confianza en la capacidad de nuestras instituciones para enfrentar los problemas.

Más aún, tendríamos el contrapeso de una izquierda interesada en abanderar las mejores propuestas con el fin de conservar su fuerza política en el Congreso. El régimen de partidos y los mexicanos habríamos salido beneficiados si el PRD hubiera asumido su mandato en lugar de apostar su existencia a los caprichos de López Obrador.

Desafortunadamente, el hubiera no existe y hoy asistimos a la inminente caída de la izquierda mexicana, a pesar del tardío esfuerzo de la dirigencia perredista por reivindicar su imagen de partido progresista y constructivo. La lección es dura y el malestar ciudadano evidente. Entonces, ¿qué hacer? Se podrá votar por ellos y darles otra oportunidad, o por cualquier otra fuerza partidista en señal de castigo. Lo que es un hecho es que anulando nuestro voto estaremos reenviando al diablo a las instituciones, con todas sus consecuencias. ¿Eso queremos?

vortiz@eleconomista.com.mx

*La autora es socia consultor de GEA, Grupo de Economistas y Asociados.

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