Se queda Miguel Hidalgo para AN

Ana Gabriela denunció “guerra sucia”
CREDITO: 
Merle Guadarrama / El Economista
Estaba desaparecido, pero no andaba muerto, sólo de parranda. Demetrio Sodi, candidato panista a Jefe Delegacional en Miguel Hidalgo aprovechó la veda electoral y viajó a Valle de Bravo para “descansar”.

Demetrio Sodi festejó en la sede del partido

Estaba desaparecido, pero no andaba muerto, sólo de parranda. Demetrio Sodi, candidato panista a Jefe Delegacional en Miguel Hidalgo aprovechó la veda electoral y viajó a Valle de Bravo para “descansar”.

Durante los comicios de ayer fue el “más buscado”. Su sonrisa, en varias esquinas de la delegación, lucía por los suelos. Estaba plasmada en volantes y mantas. Parecía tímida.

La cámara Big Sodi, que lo siguió 45 días para que los ciudadanos lo observaran y participaran en su campaña, fue censurada.

“No quiere prensa ni fotógrafos”, justificaban sus allegados para no admitir que el candidato blanquiazul no votaría en la delegación por la que contendía, porque “extravió su credencial de elector”.

Las calles de la delegación, que le pertenecen al PAN desde el 2000, estaban vacías y mientras transcurría el tiempo del conteo recibían algunos rayos de sol. Esperaban algún rastro del blanquiazul, pero ni el polvo de sus zapatos dejaba. Tenían otra dirección: la sede de Acción Nacional.

En cambio, Ana Gabriela Guevara, su contrincante perredista, denunciaba a primera hora y ágilmente la “guerra sucia” que entabló Sodi para evitar que los habitantes votaran por ella. Desde la 5 de la mañana, los panistas repartieron volantes que enumeraban las “10 razones por las que no debes votar por el PRD”.

Cerraban las casillas y los panistas auguraban el triunfo en la demarcación. Sodi daba la cara y por fin perdía la timidez que mantuvo durante más de cinco horas. La triada estaba completa. Las encuestas de salida perfilaban que las colonias de Miguel Hidalgo se pintarían nuevamente de azul y blanco y, que nuevamente, el PAN podía en estas elecciones intermedias alzar los brazos.

mguadarrama@eleconomista.com.mx

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