Suspiros y pasiones; una historia inacabada
Después de una serie de encuentros y desencuentros con la oposición en el Congreso durante sus dos primeros años de gobierno, la relación del presidente Felipe Calderón durante su tercer año con los legisladores parece haber “madurado”: gobierno y legisladores se reconocen entre sí.
Sin embargo, la sombra del veto presidencial que frene las reformas y de una mayoría priísta que marque la agenda del país estará presente en la LXI Legislatura del Congreso que comienza esta semana.
El presidente Calderón admite que “no puede solo” en las medidas para afrontar las crisis económica y de seguridad que vive el país, mientras que los legisladores reconocen su responsabilidad reformista, sin soslayar que el Ejecutivo es el primer responsable de la conducción del país.
“No hay que confundirse; en un país presidencialista donde la Constitución da facultades amplias al Ejecutivo federal, es el Presidente de la República con su gabinete el principal responsable de la conducción económica del país”, expresa el coordinador perredista en el Senado, Carlos Navarrete.
El priísta César Duarte -quien fungió en el último año como Presidente de la Cámara de Diputados- opina: “La convivencia con el Presidente de la República fue muy buena”.
Junto con el saliente coordinador panista Héctor Larios, Duarte considera que la experiencia de Calderón en la vida parlamentaria en la LVIII Legislatura (2000-2003) es un aliciente para el entendimiento. “Ha sido un Presidente tolerante y eso ayudó a la Legislatura a avanzar en los temas donde teníamos discusión”, dijo Duarte.
Larios reconoce que el PRI tendrá “mayoría” como oposición para tomar decisiones, pero con éstas, advierte, “también se asumen costos (políticos)”.
jmonroy@eleconomista.com.mx












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