Un presidente duro consigo mismo
Washington.- “Ojalá trajera mejores noticias de Copenhague”, expresó el presidente Barack Obama hace unas semanas, a su regreso de un infructuoso viaje a la capital danesa en busca de la sede de los juegos olímpicos del 2016 para Chicago.
No fue el tipo de declaraciones optimistas que se inventan los políticos incluso cuando hablan de sucesos negativos.
Obama, sin embargo, se caracteriza por hacer confesiones en público, pedir disculpas o lamentarse de algo.
No hay que confundirse: la gente de Obama no pierde oportunidad alguna de darle un giro positivo a cualquier noticia. Y la franqueza del Presidente se compagina con esa actitud. Es una herramienta que usa para moderar el impacto de las malas noticias, quitarle fuerza a las críticas y alejar el espectro de polémicas.
De todos modos, ese candor es realmente una característica personal de Obama, que contrasta con la actitud de su predecesor George W. Bush, cuya resistencia a usar la palabra “error” llegó a ser motivo de burlas.
Cuando en el 2004 se le preguntó a Bush cuál había sido su error más grande desde los ataques del 11 de septiembre del 2001, el Mandatario lo pensó mucho y después de un momento respondió: “Seguramente algo se me ocurrirá”. Pero jamás lo dijo.
Una tras otra
Hay una larga tradición de presidentes que se niegan a admitir errores. Obama no será parte de ella. “Me equivoqué” es algo que le sale fácil.
A pocos días de su asunción, cuando Tom Daschle desistió de aceptar su nominación a secretario de salud por problemas impositivos, Obama declaró: “La regué”.
Seis semanas después se disculpó por haber dicho que su anotación tan baja en bowling era “como si hubiese competido en los juegos olímpicos para minusválidos o algo así”.
En julio tuvo que dar marcha atrás con su afirmación de que la policía de Cambridge, Massachusetts, había “actuado en forma estúpida” al arrestar a un académico negro en su propia vivienda a raíz de un mal entendido. Obama no llegó a disculparse, pero dijo que “hubiera podido expresarme mejor”.
Obama ha dicho en público que debió haber sido más claro al hablar de la reforma al sistema de salud. Afirmó que tiene que “mejorar su nivel” en ese terreno.
El Mandatario dice que su disposición a admitir errores es “parte de la era de responsabilidad” que dice haber iniciado el día en que se frustró la designación de Daschle.
Aprendiendo de los errores
Wayne Fields, profesor de la Washington University de Saint Louis que estudia la retórica presidencial, opina que no se trata de “confesiones sentimentaloides”, sino que son un reflejo de la convicción de Obama de que los progresos se logran de a poco, aprendiendo de los errores.
Fields considera que la actitud de Obama contrasta no solo con la de Bush, sino con la de la mayoría de los últimos presidentes.
Y la respuesta del público dependerá del curso que tomen los acontecimientos, igual que ocurrió con Bush y su empeño en no admitir errores ni ofrecer disculpas.
Cuando Bush “tenía altos índices de aceptación, a la gente le parecía simpático y cuando estaba abajo en las encuestas, lo veían como una prueba de que no estaba calificado para ser Presidente”, comentó George Edwards, profesor de ciencias políticas de la Texas A&M University.
Obama no solo admite errores y ofrece disculpas, sino que usa un lenguaje coloquial. En una ocasión usó una expresión bastante fuerte para decir que el cantante Kanye West era un ignorante por un gesto desconsiderado que tuvo hacia la cantante Taylor Swift durante una entrega de premios.
El Mandatario no fue criticado por la expresión que usó, en parte porque pensó que hablaba en forma extraoficial, no para ser citado. Pero tampoco le generó muchos problemas durante la campaña presidencial su admisión de que de joven había experimentado con drogas.
Sin pelos en la lengua
Más que su conducta, lo que impacta a la gente son algunos de sus pronunciamientos en el exterior, que tienden a ser más fuertes que los que hace en casa.
Durante su primer viaje a Europa como Presidente dijo varias veces que Estados Unidos compartía buena parte de la responsabilidad por una serie de problemas, como el no haber actuado con firmeza en relación con el cambio climático y excesos en el terreno financiero que desataron la crisis económica global.
“Ha habido momentos en los que Estados Unidos demostró arrogancia y desdén”, declaró en abril en Francia.
En su discurso en El Cairo, en junio, dijo que Estados Unidos merece buena parte de la culpa por “las tensiones que hay con el mundo árabe en todo el mundo”.
También ha dicho que en los interrogatorios de los detenidos en la base de Guantánamo había habido torturas.
Edwards afirmó que admitir cierta parte de culpa puede ayudar a conseguir la cooperación de otras naciones.
Pero también puede volver locos a los ultraconservadores, que no soportan ese tipo de retórica.
APR








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