Los desafíos de la "nueva" GM y la "vieja" GM
Redacción/ El Economista.com.mx
Aunque para el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, la bancarrota de General Motors es nueva oportunidad para fortalecer al ícono empresarial, lo cierto es que los restos de la automotriz plantean dilemas financieros y operacionales que podrían resultar en un drenaje continuo tanto para los contribuyentes de ese país como para una automotriz revitalizada, considera The Wall Street Journal.
El plan propuesto dividirá a General Motors en dos compañías: una "nueva GM" y una "vieja GM", muy al estilo del desmantelamiento de AT&T Corp, en 1984, que se convirtió en una compañía de larga distancia y otras de telefonía local.
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Y al igual que ésta, GM tendrá que distribuir meticulosamente cada partida de ingreso y gastos a cada compañía, ya sea los salarios de los empleados o los costos de una nueva llave inglesa, indica el artículo publicado en la edición digital.
La división de GM presenta "una serie de asuntos muy complejos y que toman muchísimo tiempo, planta por planta y jurisdicción por jurisdicción", dice Richard Chesley, socio del grupo de quiebras y reestructuración global Paul, Hastings, Janofsky & Walker LLP, firma que no participa en el caso de GM.
"No va a ser algo fácil de lograr", afirma.
Potencial enfrentamiento
La división también podría activar enfrentamientos inesperados entre la nueva GM, la vieja GM y los acreedores, que podrían luchar por la mejor forma de adjudicar gastos entre las dos, de un modo que maximice la recuperación para los acreedores.
La vieja GM podría también convertirse en un proveedor de partes y servicios para la nueva GM, lo cual plantea el potencial de enfrentamientos sobre precios y contratos, dicen asesores de bancarrota.
Se espera que la vieja GM anuncie pronto su nuevo equipo administrativo, lo cual podría sentar las bases para una posible rivalidad futura entre las dos GM.
La vieja GM sería por sí sola una empresa de tamaño respetable, con 15 o 20 plantas no deseadas bajo su control. Tendría cuatro marcas de automóviles: Hummer, Saab, Pontiac y Saturn, que el año pasado vendieron cerca de 500.000 unidades en Estados Unidos, más que la coreana Hyundai Motor Co., y las alemanas Volkswagen AG o BMW AG.
El gobierno planea inyectar unos US$50,000 millones para financiar el paso de GM por una corte de bancarrota.
El plan contempla que la vieja GM reciba cientos de millones de dólares en efectivo y préstamos de deudor en posesión (el mecanismo empleado cuando una empresa está en quiebra), dicen personas al tanto del asunto. Esto financiará la liquidación y los contratistas que la manejarán.
Aunque el gobierno estadounidense espera que la nueva GM salga del proceso de quiebra en unos tres meses, le llevará a la vieja GM al menos dos años (y hasta 10 años) desaparecer, dicen personas que participan en el caso. Sólo el cierre de una fábrica puede tomar hasta un año.
La rapidez con la que GM pueda cerrar acuerdos para deshacerse de activos resultará clave, debido a la necesidad potencial de financiación continua mientras permanece en bancarrota.
GM ha pasado los últimos meses en conversaciones con interesados en Saturn, Saab y Hummer, y durante el fin de semana pareció haber encontrado un comprador para Hummer. Su plan es descontinuar Pontiac.
Pero si las cosas no salen de acuerdo al plan, la vieja GM podría necesitar más dinero para operar hasta que sea liquidada. "El dinero será el rey", agregó Chesley.
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