Los políticos en México ni ven ni escuchan
Carlos Vidali Rebolledo estudió en el Colegio Madrid y su pasión eran los mapas. En la primaria los maestros los colgaban sobre el pizarrón para explicar las divisiones políticas, orográficas, etcétera.
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Carlos Vidali Rebolledo estudió en el Colegio Madrid y su pasión eran los mapas. En la primaria los maestros los colgaban sobre el pizarrón para explicar las divisiones políticas, orográficas, etcétera. En la secundaria, la maestra Trueta los dibujaba a color con detalle y precisión, y prohibía que los alumnos los compraran en la papelería para hacer la tarea.

En esos años Carlos se declaró poeta y, durante las vacaciones de la preparatoria, viajó a Europa. Pero nada le gustaba más que ubicar ciudades y carreteras gracias a los mapas y a las guías del Touring Club.

A su regreso, estudió Letras Inglesas en la UNAM y conoció la relación íntima entre los mapas y la literatura: narrativas idiosincráticas. Y descubrió un oasis en las cartas del INEGI. Recorrió gran parte de la República de los países vecinos siguiendo mapas narrativos.

“Atraviesas la frontera por Tapachula”, cuenta, “tomas un pesero a Malcatán, un camión a Coatepeque, un guajolotero a Retalhuleu, un taxi compartido a Suchitépequez, otro camión a Sololá, caminas a Panajachel y abordas un barquito y ya estás en el paraíso”.

Cierto día, Carlos marcó en un mapa producido por Pemex un lugar llamado Boca del Cielo, en la costa chiapaneca, donde se besan la mar y un río. Cuando llegó ahí, se convirtió en oralceleste e incluso se bautizó para ser parte de los pobladores: sencillos, independientes, fuertes y místicos.

Se casó y, con su esposa al volante, recorrió el país para visitar a amigos. Él llevaba la bitácora, los mapas y el cronómetro. Después entretenía a su hija con los Atlas heredados de sus ancestros. Viajó con ella por Estados Unidos en ferrocarril: otra vez las cartografías fueron su brújula en la vida.

Consiguió trabajo en la Mapoteca Manuel Orozco y Berra del Servicio de Información Agroalimentaria y Pesquera (SIAP), dependiente de la Sagarpa, para aprender del encargado del acervo la clasificación de las cartas del INEGI, sobre autores, técnicas y trato con los usuarios. Más tarde, dicho encargado renunció y Vidali Rebolledo se hizo responsable del acervo y del recinto, que tenía fallas estructurales. Una de sus muchas obras fue solucionar ese problema, nacido de la polilla en la cimbra del techo que sostenía 40 centímetros de arena, que enterraba prácticamente a la mapoteca.

Al final de la presidencia de Ernesto Zedillo, el gobierno compró un escáner de más de 40,000 dólares para la mapoteca y, durante la época de Fox, Carlos escaneó y levantó un inventario decente (los catálogos utilizados en el 2000 databan de los años 40). Y en el 2004 otra vez el gobierno compró un equipo contra incendios con tecnología de punta.

Entre los periodos de Fox y Calderón, Carlos Vidali trabajó con el Servicio Social de la UNAM. Los jóvenes catalogaron y capturaron en una base de datos (http://w2.siap.sagarpa.gob.mx/mapoteca/) cantidades enormes de información e hicieron varias tesis al respecto. Después la Dirección del SIAP cambió un par de veces, ambas afortunadas por haber producido la magna exposición Paseo en Mapa y montar en línea la base de datos.

En el 2009 de nuevo cambió la dirección y se hizo un evento para el Secretario y funcionaros nacionales e internacionales de su nivel. Carlos montó una exposición casi sin ayuda. Vino la restauración del PRI y le fueron quitando responsabilidades. Se le coartó la posibilidad de opinar con actitudes prepotentes y vanas.

Lo peor de todo: la Dirección decidió ejecutar una remodelación sin pies ni cabeza y, cuando Vidali protestó ante los errores, se le pidió la renuncia. Trató de solucionar el problema, siguiendo la cadena de mando, y fue ignorado y denigrado.

Desde hace una semana Carlos ha levantado la voz en los medios que se lo han permitido, pero ya se sabe: los políticos en México ni nos ven ni nos escuchan.

marcial@ficticia.com

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