Diputados se avientan la bolita por convenio PRI-PAN
Rolando Ramos / El Economista
En una intervención desde la tribuna, solicitada “para hechos”, Beatriz Paredes Rangel dijo sin ambages y sin el mínimo rubor que haber firmado un acuerdo de colaboración en materia electoral con su contraparte del PAN, César Nava, no intranquiliza su conciencia.
El espinoso tema del pacto para evitar alianzas en el Estado de México, y que a decir de Nava fue a cambio de que el PRI aprobara la Ley de Ingresos 2010, fue estallado por Gerardo Fernández Noroña (PT).
El debate sorprendió a los panistas, que tardaron en reaccionar para defender a su dirigente nacional, ausente en la sesión no obstante sus obligaciones como Diputado federal.
Paredes arguyó que el paquete de ingresos y de gasto para el presente año se dio, en octubre del año pasado, con estrictos criterios económicos, y aseguró que no fue a cambio de evitar las alianzas en el Estado de México.
“Compañeras y compañeros diputados, no hubo ninguna negociación que vinculara el tema presupuestal y de ingresos con la decisión de suscribir este acuerdo, que es un documento que refleja civilidad política”.
Sus correligionarios le aplaudieron a rabiar.
Desde el mediodía, Francisco Rojas, coordinador de la bancada tricolor, respondió al sector empresarial, que se quejó de que los partidos antepongan sus intereses electorales a la concreción de las reformas estructurales urgentes.
Es “muy difícil” empezar a lograr acuerdos, dijo, en medio de la confusión que hay en la política mexicana por la desconfianza entre partidos: “es muy difícil establecer diálogos políticos basados en mentiras”.
Aparte de que el Ejecutivo, abundó, no ha presentado al Congreso sus propuestas de reforma fiscal, laboral o energética.
Y dijo que no se siente presionado por el llamado de los empresarios, pero sí por la responsabilidad que tiene de hacer los cambios requeridos.
Fernández Noroña reconoció el valor de la tlaxcalteca para hablar del tema.
“¿Sabía el presidente Felipe Calderón de las alianzas, o no sabía? –se desgañitaba de entre las curules el priísta Felipe Enríquez, sin encontrar respuesta.
Para sacarse la espina, luego de una intervención poco convincente de Roberto Gil, uno de los mejores gallos del PAN, tuvo que salir al quite Javier Corral. Al final, los panistas reconocieron que el acuerdo firmado no enaltece la política ni dignifica la democracia.
Tres horas después de dimes y diretes el debate concluyó. Y la piñata de Pinocho, que los priístas llevaron para denostar a Nava, quedó arrumbada por algún lugar del salón.
rramos@eleconomista.com.mx









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