Aterradoras historias en el día de la mujer (I)
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Mar 8, 2016 |
7:22
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Planetario
José Manuel Valiñas
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El caso de la estudiante Jyoty Singh, quien en 2012 fue violada brutalmente por seis hombres en un autobús, en Delhi, empezó a cambiar la larga historia de vejaciones a las mujeres en India. Singh murió pocos días después, pero el salvajismo con el que fue consumado el delito hizo que la sociedad se levantara indignada, lo que logró cambios en el derecho penal de ese país, para proteger a las mujeres.

Pero el caso fue emblemático, además, porque, quien aparentemente fue el más salvaje de todos los violadores, y el que inició el acoso esa noche fatal, fue puesto en libertad luego de sólo tres años en prisión, por ser menor de edad cuando cometió el crimen. Lo mismo que en los casos de violaciones en las universidades de Estados Unidos (lo que se ha calificado como una epidemia): hay menores de edad liberados tras condenas mínimas, a pesar de haberse probado su ferocidad y odio de género.

Pese a que en India se reporta una violación cada 21 minutos, y que su situación de violencia contra las mujeres es un escándalo planetario, hablando de otro caso inhumano, el de dos niñas violadas multitudinariamente, asesinadas y colgadas de un árbol, el político Babulal Gaur comentó que “la violación es un crimen social que depende del hombre y la mujer, y a veces está bien y a veces mal”.

Otro político, Mulayam Singh Yadav, dijo del mismo caso: “los jóvenes son así, qué le vamos a hacer”, y el director del Buró de Investigación Central (la CIA india), Ranjit Sinha, pidió disfrutar una violación en caso de no poder evitarla”. En el estado de Bengala Occidental, el líder de un clan ordenó que 12 hombres violaran a una mujer de 20 años como castigo por establecer una relación con un musulmán. “Me violaron uno tras otro, no pude contar cuántas veces”, dijo la víctima.

Otro país con un largo y ominoso historial de violaciones a los derechos de las mujeres es Pakistán. La cineasta Sharmeen Obaid Chinoy acaba de ganar el Oscar al mejor documental por “A Girl in the River”, que revela los crímenes “de honor” en ese país. Es el relato de una joven de 18 años que sufrió un disparo en la cara de su propio padre por haberse casado sin su permiso. El padre la puso en una bolsa de plástico y la tiró al río, sin saber que ella sobreviviría.

Era la segunda ocasión que Obaid Chinoy ganaba la estatuilla, pues en 2012 lo hizo con “Saving Face”, otro estremecedor documental sobre el criminal hábito de arrojar ácido sobre la cara de las mujeres por “delitos de honor”. Tales delitos, como se aprecia en el video, se basan en la mera sospecha de los esposos, que en ocasiones simplemente quieren “repudiar” a sus mujeres. O bien son el “castigo” por que sufrieron algún intento de vejación, lo cual las vuelve “impuras”.

En el documental, que se puede ver aquí, se ve la historia de una niña de 13 años cuyo profesor quiso abusar de ella. Eso fue causa suficiente para que le desfiguraran el rostro con ácido. También está la historia de Zakia, una mujer que ganó el primer caso contra su perpetrador (su esposo) después de ser aprobada la nueva ley (fue condenado a dos cadenas perpetuas).

Obaid Chinoy tuvo el destino de nacer en un país como Pakistán, en el que suceden estas cosas, pero Pakistán tuvo la suerte de que ahí naciera ella. El primer ministro actual, Nawaz Sharif, resulta ser un reformador, y se reunió con la cineasta hace apenas unos días para discutir los cambios que se deben hacer en las leyes para terminar con los crímenes de honor.

Lamentablemente no queda de otra más que hablar de estos casos (o escribir sobre ellos, o documentarlos, o salir a la calle a protestar multitudinariamente) para que las autoridades reaccionen. Otros activistas han elegido un medio muy especial: el cine y el video, para hacer que la gente cobre conciencia y las cosas empiecen a cambiar.

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