Vino, humilló y venció
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Sep 1, 2016 |
8:07
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Planetario
José Manuel Valiñas
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Todo lo que dijo ayer el presidente Enrique Peña Nieto en la entrevista que concedió al noticiero de Denise Maerker no se sostenía, siendo que Trump va 10 puntos debajo de Hillary Clinton.

Bueno, eso era ayer, porque es muy posible que suba en las encuestas después de su visita a Los Pinos, en donde a los ojos de todo el mundo le dijo a Peña en su cara que sí va a construir el muro. Y sin pedir ninguna disculpa de los agravios que ha proferido sobre México. El presidente pudo decir con firmeza que no va a pagar por la infausta muralla, pero se quedó callado.

Jim Newell narró ese momento para Slate: “Peña Nieto tuvo la oportunidad para humillar a Trump al rechazar de plano esa idea ridícula. Podía haber enterrado a Trump pero prefirió abundar sobre la agradable conversación que tuvieron, y que no quería entrometerse en la elección”. Y se pregunta en qué estaría pensando al invitar al candidato, como se pregunta “la mayoría en Estados Unidos y todo México”. Quizá “no tenía nada que perder, con su 23% de aprobación”. “Tal vez quería decirle unas verdades a Trump. Pero después de ver la conferencia de prensa que dieron, está claro que todo había sido un error. Una mejor manera de entenderlo es que un político con 23% no tiene idea de lo que está haciendo”.

Estando Trump en franca caída en las encuestas, lo único que se ganó con la inexplicable invitación fue permitir que se mostrara presidencial, como un jefe de estado. Vaya desatino: es el mismo presidente de México el que le está ayudando a remontar.

La frase que Trump le vino a decir en su cara, ante la estupefacción de un país entero, fue lapidaria: “Hablamos de la construcción del muro. ¿Quién va a pagar por el muro? Eso no lo discutimos… será en otra ocasión”.

¿En realidad Peña o alguien de su equipo pensó que Trump iba a decir cosas bonitas de México saliendo de su reunión? ¿Que no iba a aprovechar para hacerle ver al mundo que él es el jefe y su interlocutor su esbirro? Vino, humilló y venció.

Y lo peor fue lo que declaró después en Arizona: “Vamos a construir una enorme muralla en la frontera sur y México va a pagar por ese muro, cien por ciento. No lo saben todavía, pero así va a ser”. Ya esto es suficiente para comprender la histórica derrota de Peña Nieto, pero aún faltaba la cereza del pastel: “Utilizaremos la mejor tecnología… y México trabajará con nosotros. Lo creo firmemente, sobre todo después de reunirme con el presidente mexicano”. Que alguien le explique a los desorientados asesores de Peña que ese es el mayor insulto posible: lo que está diciendo es que habló con él y se pusieron de acuerdo para hacer el muro.

En medio de tanta ignorancia por parte de esos asesores presidenciales, fue Hillary quien mejor defendió a México, al decir que con una visita no se olvida un año de insultos.

Jesús Silva-Herzog Márquez lo puso así: “me pareció absolutamente inverosímil que a alguien le hubiera pasado por la cabeza que era buena idea para el país, para el presidente Peña Nieto y para el gobierno invitar a Donald Trump y lanzarle un salvavidas a una campaña que está naufragando, regalándole una presencia internacional y la imagen de un personaje legitimado para negociar al tú por tú con el presidente de México. Me parece realmente imposible encontrarle una racionalidad a esta decisión. Es la tontería diplomática más grave de la que yo tenga memoria”.

Esteban Illades, editor de Nexos, lo dijo de esta manera: “fue la mayor humillación que ha sufrido un presidente mexicano en su propio territorio en los últimos 50 años”. Si Peña Nieto estaba en 23 puntos de aprobación, un nivel peligrosamente bajo, ¿cómo va a quedar después de esta pifia?

El consenso entre los analistas es que llega a su cuarto informe con una debilidad absoluta. Viene de un par de mini escándalos que acabaron por minar su imagen. No pudo explicar bien por qué a su esposa le hicieron el favor de pagarle un predial de 30 mil dólares. (Además, ¿quién paga un predial de 30 mil dólares por una casa de descanso en el extranjero? ¿Por qué ese gusto por el fausto faraónico?)

Después de la modesta charla con jóvenes que tendrá Peña (en lugar de un informe ante el Congreso que refleje poder, institucionalidad y presencia), deberá enfrentar el insoluble problema de la CNTE. Su imposibilidad de aplicar la ley, más las reiteradas sospechas de corrupción, han mermado su presidencia hasta un punto insostenible. No por nada Standard & Poor’s argumentó lo siguiente al bajar la perspectiva de nuestra deuda soberana: “las debilidades en la gobernabilidad –que reflejan en parte una pobre aplicación de la ley y la percepción de corrupción– limitan los beneficios de las reformas”.

Lo de la CNTE es una tormenta perfecta, porque el Gobierno Federal no puede utilizar la fuerza pública, ni siquiera con protocolos legítimos, precisamente por su debilidad, y esa organización no va a ceder ni un ápice en sus irracionales demandas. La batalla que quizá acabe por definir el sexenio está por venir, y Peña llegará a ella cargando el enorme lastre de haber agachado la cabeza ante Trump.

Todavía ayer en la noche Claudia Ruiz Massieu daba patadas de ahogado en el programa de Adela Micha. Pero, sin darse cuenta, cayó en el mayor error de todos: una y otra vez repetía que el presidente le dijo al candidato que México no va a pagar por el muro. De no creerse. ¡El mensaje inconsciente de la canciller es que ya están negociando quien paga por un muro que nunca debió de estar en la agenda, ni siquiera mediática!

No soy de los que se alegran de que le vaya mal al presidente. Al contrario de los profetas del odio, tan en boga en nuestros días, puedo ver que si le va mal a él, que encarna al Poder Ejecutivo, le va mal al país. Pero con gazapos como esta invitación, ni cómo ayudarle. Jim Newell remató: “Quizá Peña Nieto nunca fue brillante. Con un presidente así, capaz que México sí termina pagando el muro”.

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