El enfrentamiento que viene
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Ene 24, 2017 |
21:49
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Planetario
José Manuel Valiñas
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Finalmente el gobierno mexicano asumió una actitud de fuerza frente a quien está tomando la costumbre de denostarnos. ¿Que eso puede resultar peligroso con un tipo como Trump, violento, prejuicioso y ebrio de poder? Por supuesto que sí. Pero no quedaba de otra…

México ya dijo que si la actitud es tratar de ponernos contra las cuerdas… simplemente se va a parar de la mesa y retirarse de la negociación. Son declaraciones que no se habían visto.

Muchos escenarios pueden suceder, pero ninguno es positivo para nuestro país, al menos en el corto y en mediano plazos. Tal vez es por eso que Videgaray y Guajardo, quienes estarán en el ring, hayan dejado claro que nada bueno puede venir si nos salimos del TLC, pero que están dispuestos a hacerlo si nuestra contraparte asume una actitud intolerable.

¿Qué es una actitud intolerable? Aquí es donde entran los escenarios.

1. Si Trump insiste en que tenemos que pagar por el muro, esa es una actitud definitivamente humillante. Hay que levantarse de la mesa. Y México está finalmente dispuesto a hacerlo.

2. Si Trump no habla de quién va a pagar por el muro, pero no deja espacio en la negociación para nada positivo para México, también la delegación está dispuesta a levantarse de la mesa, aunque esto signifique quedarse sin TLC. “Si no hay claros beneficios, no tiene sentido quedarnos”, dijo Ildefonso Guajardo, no haciendo otra cosa más que aceptar la realidad, por brutal que sea.

Y la cruda realidad es esta: en el momento en que se empiece a renegociar el tratado, México perderá ventajas competitivas ante otras potencias comerciales. El presidente Peña Nieto acaba de decir que México tiene una posición estratégica por estar entre dos océanos, pero esa declaración también se vio forzada por la realidad de que tenemos que voltear a ver a otros (lejanos) mercados obligados por las circunstancias, no como consecuencia de una estrategia preparada con tiempo. La inmensa ventaja de tener un mercado sin aranceles con la mayor economía, que es nuestra frontera, se perdería de la noche a la mañana.

Ante estas dos posibilidades se abren otros escenarios:

3. Que las conversaciones no terminen en un plan amigable, y que inicie un conflicto diplomático a nivel declarativo. Es un escenario nefasto con alguien de la calaña de Trump, el maestro de la posverdad y quien reacciona de manera frenética ante cualquier comentario ajeno a sus intereses. Este escenario tiene a su vez dos posibles corolarios:

4. Que la guerra declarativa continúe hasta debilitar la relación bilateral, con la consiguiente caída del mercado accionario y del peso.

5. Que el presidente empresario reaccione de manera positiva ante la posición de fuerza, y después de algunas escaramuzas tuiteras sus colaboradores (algunos de ellos no están tan perdidos) retomen una renegociación del tratado, que se constituya en un mal menor para México.

Este escenario, menos negativo, contempla que a Trump ya le hayan informado que no le conviene seguir tomando actitudes de bravucón con un país tan importante en diversos temas, no sólo el comercial. Y de ahí el acierto de ir a negociar en paquete también seguridad y migración.

En una de esas y hasta nos va aceptablemente bien, pues los mercados siempre reaccionan con base en expectativas, y una negociación amigable, o al menos no tan ríspida, que haga saber que se conserva el TLC, haría que el peso se revalúe y que la Bolsa dé un brinco.

Pero debemos de estar preparados a que las cosas salgan mal. El día de hoy un articulista citó acertadamente a Churchill, cuando después de Munich, gritó en el parlamento que Chamberlain había avergonzado al Reino Unido al someterse ante Hitler. “El gobierno del primer ministro tuvo que elegir entre el deshonor y la guerra. Eligió el deshonor y de todos modos tendrá la guerra”, dijo, premonitoriamente.

Así que hay que ir preparados a todo. No le conviene a México salirse del tratado, mucho menos a los miles de trabajadores que se van a quedar sin empleo, a las familias que van a sufrir mayores penurias, y al crecimiento de todo un país, que se verá indudablemente disminuido. Pero, una vez más, si quieren que aceptemos una vejación, no queda más que apelar a la dignidad.

Aunque nos quedemos sin tratado. Hay que decir eso con pleno conocimiento de causa, no con la típica actitud patriotera. Ni diciendo ingenuamente que “es hora de emanciparnos de los gringos y abrirnos a otras posibilidades" (posibilidades que no se concretarían sino hasta después de muchos años, y nunca con ese nivel de ventaja competitiva). Hay que decirlo con plena conciencia. Sabemos lo que nos jugamos. Pero si nos pretenden humillar, hay que fajarse. Faltaba más.

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