ataques a periodistas quedan en el olvido
Tamaulipas, bajo el yugo del “plomo o plomo”
El miedo a investigar y difundir ciertos hechos aumentó cuando se registraron los primeros ataques y asesinatos a periodistas, según el documento “Tamaulipas: la construcción del silencio”.
Diversos reportes internacionales han dado cuenta de los peligros en México para ejercer el periodismo. Foto: AP

En el 2012, en Tamaulipas el “plata o plomo” se convirtió en “plomo o plomo”.

“Soy el subjefe de prensa de Los Zetas y se están pasando. Están publicando sin autorización”.

Esta escena ocurrió en Ciudad Victoria y la cuenta un periodista de esta entidad con 30 años de experiencia y quien, bajo la condición del anonimato, aseguró a El Economista que el sujeto así se presentó con el director y el jefe de información del periódico en el que trabajaba aquel año.

Sin embargo, no era nuevo que gente armada llegara a las redacciones de los medios a imponer la línea editorial a publicar, principalmente, en información relacionada con temas de seguridad pública, narcotráfico y la “lucha por la plaza” que libraban el Cártel del Golfo contra sus anteriores aliados, Los Zetas.

“Esos episodios se empezaron a dar desde el 2009. El subjefe de prensa de Los Zetas le manda (la información) a su contacto, un editor de policiaca que puede ser de cualquier medio, entonces éste le avisa a los demás y reenvía los correos y les dice qué se publica”, cuenta la fuente anónima.

Pero no siempre fue así. De acuerdo con el informe “Tamaulipas: la construcción del silencio”, investigación realizada por la periodista Martha Olivia López Medellín es en los años 70 cuando comienza a someterse a la prensa.

En esa década uno de los personajes que controlaban Matamoros y gran parte de la entidad fue Juan Nepomuceno Guerra Cárdenas, contrabandista y luego narcotraficante.

Por la situación geográfica de la entidad comienza a predominar el narcotráfico y el tráfico de migrantes. Es a Guerra Cárdenas a quien se le atribuye la fundación del Cártel del Golfo y quien terminaría heredándole el mando del grupo criminal a su sobrino, Juan García Ábrego.

Es en los 90 cuando el “plata o plomo” con el que grupos criminales sometían a la prensa se convierte en “plomo o plomo” y comienzan a ordenar qué información sale y cuál no, bajo la amenaza de la agresión y en el peor de los casos, la muerte.

“En los 90 llega el silencio a los medios de comunicación. El miedo a investigar y difundir ciertos hechos aumentó cuando se registraron los primeros ataques y asesinatos a periodistas y las investigaciones no avanzan; quedan en el olvido: los mensajeros se quedaron sin garantías ni protección del estado ni de los dueños de los medios”, señala el informe.

El periodista tamaulipeco entrevistado asegura que el surgimiento de narcopolíticos ha normalizado la ilegalidad, lo corrupto y la impunidad, lo que ha generado “que sea un estado de silencio” donde proliferan la censura, la autocensura “y lo más importante: es por el dinero”.

“El mayor problema que tenemos, al menos en Tamaulipas, es laboral (...) En Ciudad Victoria se les sigue pagando a los reporteros 3,000 pesos al mes por cuatro notas al día”, refirió.

Raymundo Ramos Vázquez, del Comité de Derechos Humanos de Nuevo Laredo, refiere en entrevista que la falta de garantías de las autoridades para el ejercicio de la libertad de expresión arrecia en el 2002 con los enfrentamientos entre grupos del crimen organizado y éstos con las autoridades federales y locales.

En medio quedaron los periodistas que comenzaron a tener represalias por lo publicado.

“El más interesado en que no trascendiera la violencia que se estaba generando en Tamaulipas en ese tiempo era el mismo gobernador del estado, Tomás Yarrington. En algún momento tuvo él reuniones con directores y concesionarios de periódicos y medios de comunicación para pedirles que no publicaran información relacionada con seguridad pública”, expresa.

Según el informe “Tamaulipas: la construcción del silencio”, de 1986 al 2014 se tiene registro de 23 asesinatos de periodistas en Tamaulipas, principalmente, en las ciudades de Nuevo Laredo, Matamoros, ambos municipios con siete casos, cinco en Reynosa, dos en Ciudad Victoria, uno en Miguel Alemán y otro en Camargo.

En el estado, continúa Ramos Vázquez, tenemos un grado de impunidad muy alto. En Tamaulipas no hay un solo homicidio esclarecido en los últimos 10 años relacionado con el periodismo.

La situación de indefensión, refiere el periodista entrevistado y quien pidió el anonimato, genera que todos los actores en el estado salgan beneficiados: narcotraficantes, políticos y funcionarios públicos.

“El periodismo en Tamaulipas es en 90% de declaraciones y boletines. Los perfiles de los periodistas que corren más riesgo son los que ignoran cómo se mueven los narcos. La gente en el estado ahora se informa en Facebook, en grupos de WhatsApp, en redes sociales”, lamentó.

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