¿El color de piel influye en las aspiraciones de los mexicanos?
La mitad de los mexicanos aspiramos a mejorar nuestra situación económica y a alcanzar la misma escolaridad que la de nuestros padres pese a nuestro color de piel. ¿Existe la posibilidad de movilidad social en nuestro país?
Ruy Alonso Rebolledo
Jun 19, 2017 |
18:16
Foto: Reuters

En México, más de la mitad de las personas de entre 25 y 64 años consideran que su situación económica ha mejorado con relación a la de sus padres y casi el 50% de las personas que provienen en un hogar en donde ambos padres preveían al sustento económico, alcanzaron un nivel de escolaridad media superior o superior. Sin embargo, 20.2% para las personas que se autoclasificaron en las tonalidades de piel más oscuras no cuenta con algún nivel de escolaridad, reveló un estudio del INEGI.

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El Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) presentó el Módulo de Movilidad Social Intergeneracional (MMSI), en el que por primera vez, difunde información sobre la situación económica de los mexicanos considerando las características sociodemográficas y de autoclasificación racial de la población de 25 a 64 años de edad, sus niveles educativos y ocupacionales, a partir de su situación socioeconómica de origen, es decir, cuando tenían 14 años de edad.

En un país ideal, en donde los ciudadanos tengan las mismas oportunidades, los logros de los ciudadanos en diferentes ámbitos de su vida no tienen relación con el origen socioeconómico o su color de piel y por lo tanto será mayor la movilidad social observada en esa sociedad. Según el Informe sobre Desarrollo Humano de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), la movilidad se refiere al aumento equitativo de las oportunidades de las personas en salud, educación e ingreso a lo largo de su vida y entre generaciones. Las dimensiones de la movilidad pueden ser espaciales (entidades federativas y municipios) y temporales (ciclo de vida y generaciones).

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Según el informe de la ONU, en México entre 1950 y el 2010, el Índice de Desarrollo Humano del país tuvo un aumento cercano al 70 por ciento. Desde 1980, se tiene menos de la mitad de la desigualdad entre estados que la que existía en 1950. La movilidad social fue igualadora de oportunidades entre estados. Esto indica movilidad social ascendente, entre generaciones y al interior de ellas. Pero desde 1980, el carácter igualador de la movilidad social del desarrollo humano en las entidades federativas se ha deteriorado.

Según el Centro de Estudios Espinosa Yglesias (CEEY), en un contexto de baja movilidad, como el mexicano, se traduce en pobreza crónica, alta concentración de las ganancias del crecimiento, y persistencia de una alta desigualdad.

Actualmente en el mundo no existe ninguna nación que se presente como 100% igualitaria. Pero en México, las personas que nacen en cierto estatus socioeconómico es difícil que se muevan de él. México es uno de los países más desiguales del mundo, donde no todos obtienen las mismas oportunidades, ni en lo educativo ni en lo laboral, sin mencionar en el acceso a condiciones de bienestar, dado que no hay cobertura de salud universal y hay inmensas diferencias salariales.

Por ejemplo, según datos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), el salario promedio de un trabajador en México es de 160,936 pesos al año. Según la “Encuesta de Salarios Ejecutivos 2016” de PwC México, un ejecutivo de una compañía gana en promedio 1 millón 416,000 pesos al año, casi nueve veces el salario promedio de un trabajador. Pero las diferencias no sólo se marcan con respecto a los empleados del mismo país, el salario mínimo en promedio de los países miembros de la OCDE es de 16.5 dólares y en México se reporta un ingreso promedio de 4 dólares.

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Sin embargo, según datos recopilados por el INEGI, podría parecer que la situación escolar ha mejorado la escolaridad de los mexicanos con respecto a la de la situación de origen. La educación es uno de los recursos principales para el desarrollo económico y social de la población, y uno de los principales motores de la movilidad social. Si las nuevas generaciones aumentan sus niveles de educación, aumentan las posibilidades de ascenso social.

Los niveles de escolaridad que alcanza la población mexicana de entre 25 y 64 años de edad se relacionan en primera instancia con la persona que cumple las responsabilidades de proveedor económico principal. Cuando el padre y la madre son los proveedores económicos, el 47.5% alcanza el nivel de escolaridad de media superior o superior. A mayores niveles de escolaridad del proveedor principal, la población de entre 25 a 64 años presenta niveles de escolaridad más altos.

En cuanto a la percepción de la situación actual con respecto a la de los padres, los datos del INEGI revelan que más de la mitad (56.7%) de las personas de entre 25 y 64 años consideran que su situación económica ha mejorado, con respecto la situación del hogar de origen. El 23.5% declaró que su situación socioeconómica actual se encuentra peor que la de su hogar de origen.

La percepción de mejora es mayor en el grupo de población de 55 a 64 años: 61.1% declaró tener un mejor nivel socioeconómico que el de su familia de origen. En tanto, en el grupo de población más joven (25 a 34 años), una menor proporción (51.2%) considera haber mejorado su situación económica con respecto a su familia de origen, coincidiendo con los datos de la ONU sobre la desaceleración de la movilidad social en México después de la década de 1980.

Cuando el proveedor económico tuvo una ocupación de alta calificación (funcionarios, directores, jefes, profesionistas y técnicos) 50% de los dependientes económicos están activos en ocupación con el mismo nivel, por lo que la mitad de los hijos de los proveedores económicos principales obtuvieron el mismo nivel de sus padres. Los ocupados como profesionistas y técnicos (44.1%), su proveedor económico también tuvo este tipo de ocupación. Para uno de cada tres ocupados en actividades elementales y de apoyo, su proveedor principal también tenía esta ocupación.

El INEGI confrontó el nivel de ocupación actual de los encuestados con su primer puesto. Los resultados describen poca movilidad ocupacional ascendente entre la ocupación actual y la primera, pues los mayores porcentajes se ubican en la misma división principal de ocupación, esto para todas las divisiones. Es decir, alcanzaron el mismo nivel de sus padres pero no mejoraron.

Uno de los indicadores más reveladores del estudio es el de la percepción de movilidad social por autoreconocimiento de color de piel. El INEGI aplicó una escala cromática, utilizada en el Proyecto sobre Etnicidad y Raza en América Latina (PERLA, por sus siglas en inglés), que clasifica la piel en 11 tonalidades con el propósito de que el propio entrevistado identifique su color de piel. De las personas que se autoclasificaron en las tonalidades de piel más clara, solo 10% no cuenta con algún nivel de escolaridad, mientras que la cifra se eleva a 20.2% para las personas que se autoclasificaron en las tonalidades de piel más oscuras.

Mientras más oscuro es el color de piel, los porcentajes de personas ocupadas en actividades de mayor calificación se reducen. Cuando los tonos de piel se vuelven más claros, los porcentajes de ocupados en actividades de media y alta calificación se incrementan. Para las tonalidades de piel más oscura se percibe en menor proporción (48.6%) una mejora en su situación socioeconómica, en comparación con la tonalidad de piel más clara (52.2 por ciento).

ruy.rebolledo@eleconomista.mx

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