Durante meses, científicos estadounidenses han estado preocupados por las consecuencias en EU de la crisis nuclear de Fukushima. Ahora, afirman que en Alaska las focas anilladas podrían estar viviendo los efectos de tal radiación.
Decenas de pescadores canadienses empezaron a cazar las primeras de las 280,000 focas que este año perecerán en las aguas del Atlántico.