Comportamiento social, ¿depende de la genética?
La revista "PLoS One" señala que las variaciones en el gen transportador de la serotonina, son cruciales en la regulación de las emociones.
Ene 15, 2009 |
10:46

Redacción Internacional.- Las variaciones genéticas en el gen transportador de la serotonina, crucial en la regulación de las emociones y presente en macacos y en humanos, modelan el comportamiento social.

Este descubrimiento de la Duke University, que aparece en el último número de la revista "PLoS One" (Public Library of Science), podría contribuir a crear un nuevo modelo para estudiar el autismo, el trastorno de ansiedad social y la esquizofrenia.

Los humanos y los macacos son los únicos miembros de la familia primate que tienen este rasgo genético, que influye en los trastornos experimentados en el ámbito de las recompensas sociales.

Para llegar a esta conclusión, los científicos estudiaron el comportamiento y la ansiedad social en dos grupos de monos que presentaban variaciones en el gen transportador de la serotonina.

Ya sabían que existen dos versiones del gen en los humanos: larga y corta, que pueden repetirse en el par de cromosomas o bien aparecer combinadas.

Aquellas personas que tienen un gen de cada tipo sufren una mayor incidencia del trastorno de la ansiedad social y de otros comportamientos.

En el experimento con macacos rhesus (divididos en dos grupos de gen largo-gen largo y gen largo-gen corto), la presencia de la versión corta del gen influyó a la hora de correr riesgos cuando se enfrentaban a un estímulo social: los animales presentaban un estado emocional miedoso y eran reacios a arriesgarse.

La primera prueba consistió en mostrar a los animales imágenes de rostros de macacos conocidos de distinto estatus social (esa especie vive en sociedades muy despóticas y utiliza comportamientos dominantes o sumisos para expresar su rango social).

Los primates con una copia del gen corto dedicaron menos tiempo a mirar las imágenes, fueron menos propensos a desarrollar un comportamiento social arriesgado y a observar aquellas imágenes en las que aparecían monos de gran estatus.

Además, tuvieron un mayor diámetro de pupila cuando miraban a los animales poderosos de la comunidad, un signo que indica una alta excitación.

En los estudios realizados con humanos se ha observado que las personas con la versión corta del gen tienen con frecuencia amígdalas cerebrales (que detectan las amenazas del entorno) hiperactivas.

Tras observar rostros de individuos poderosos, los monos con la versión corta del gen estaban asustados y menos dispuestos a afrontar riesgos y elegían la opción segura de una cantidad de zumo en vez de arriesgarse por conseguir una mayor cantidad.

Por último, los científicos utilizaron una prueba de recompensas.

Los macacos con las versiones largas del gen dejaron a un lado el zumo para mirar las imágenes de machos dominantes, sin embargo los que portaban la copia corta tuvieron que beber el zumo para mirar a esos animales.

Según los investigadores, la variación genética en la serotonina contribuye a modelar el comportamiento de los macacos a través de las recompensas y los castigos.

Como estas variaciones sólo ocurren en el ser humano y los macacos, los científicos proponen utilizar a estos animales para estudiar lo que ocurre en el cerebro de las personas, algo que podría arrojar luz en trastornos como el autismo, la ansiedad social y la esquizofrenia.

vrag

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