Inteligencia artificial y big data, rumbo a la era de la post privacidad
La inteligencia artificial y el big data serán claves para llevar a la humanidad a la era de la post privacidad, en donde la intimidad será una cosa del pasado.
Foto: Reuters
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No es necesario que un usuario revele si es tímido o extrovertido, si es conservador o liberal, o su orientación sexual: Facebook lo sabrá. Cada "me gusta" a páginas, cada reacción a las publicaciones y cada interacción sirven de material para que los algoritmos y la inteligencia artificial de la red social sean capaces de descubrir los rasgos íntimos de sus usuarios.

"Los algoritmos pueden ir más allá de lo que los humanos pueden lograr. Para un ser humano, los 'likes' a una película revelan los gustos cinematográficos. Los algoritmos encuentran patrones y la misma información puede revelarles mucha más información íntima de un ser humano", explica Michal Kosinski, profesor de Comportamiento Organizacional de la Escuela de Negocios de la Universidad de Stanford.

Pero eso no se queda ahí. Cada llamada o mensaje enviado o no enviado por cualquier plataforma electrónica, cada búsqueda en Google, cada "match" en Tinder y prácticamente nuestra vida digital genera datos que dejan una "huella digital" invisible para los usuarios.

El volumen de datos que genera la humanidad es inmensa. Para dimensionarlo, Kosinski dice que si se quisiera hacer un respaldo de la información generada por la humanidad en sólo un día, en el 2025 sería necesaria una torre de DVD de 100,000 kilómetros. Y son datos que alimentan a los sistemas de inteligencia artificial o computadoras que con el tiempo aprenden por sí mismos y predicen escenarios.

Por todos lados se habla de inteligencia artificial: para atención al cliente, para los negocios, para la seguridad, para la política, para la salud, para la ciencia. Y con cámaras en cada rincón de las ciudades, casas y edificios, la inteligencia artificial ha llegado en el reconocimiento facial.

Tecnológicas pioneras de esta tecnología como IBM ya hablan del análisis de voz y reconocimiento facial para predecir sentimientos, pero el experto de la Universidad de Stanford advierte que llegará el momento cuando las computadoras puedan conocer aspectos como la personalidad o la orientación sexual con sólo pasar frente a una cámara.

Con un escenario de esta naturaleza, Kosinski advierte, en una conferencia impartida en el Senado de la República, sobre la inminente llegada de la era de la "post privacidad" donde la intimidad será una cosa del pasado.

"Estamos dejando un creciente número de huellas digitales detrás al utilizar distintos productos y servicios digitales. Ahora, las computadoras están mejorando en convertir esas huellas digitales en predicciones de nuestro comportamiento futuro y en nuestros rasgos íntimos", señala.

Esto convierte el futuro en un camino lleno de dilemas, aciertos y errores, explica el experto. Por un lado, los negocios quieren más datos de los usuarios para ofrecer mejores servicios, compartirlos con otras entidades y obtener mayor provecho; pero si exceden los límites éticos o principios básicos de privacidad en sus prácticas, los usuarios pueden abandonar las plataformas.

Ahora bien, si los usuarios dejan de proporcionar información, las plataformas se verían imposibilitadas de evolucionar servicios y experiencias, incumpliendo las expectativas de los consumidores y propiciando un éxodo de usuarios e ingresos.

Y aún si los usuarios tuvieran la posibilidad de ejercer un mayor control sobre sus datos, lo cierto es que seguirían divulgándolos por una razón: quieren mejores experiencias y servicios que la recolección y el análisis de los datos puedan generar: desde entretenimiento, transportación hasta incluso mejores diagnósticos y procedimientos médicos.

Kosinski ve así que todas las luchas a favor de la privacidad no detendrán la inminente llegada de la era "post privacidad".

"Quizás podamos ganar algunas batallas pero no creo que en el largo plazo podamos mantener nuestra privacidad. Hablar de nuevas políticas y nuevas tecnologías para mantener nuestra privacidad puede convertirse en una distracción de discusiones sobre qué podemos hacer para asegurarnos que este mundo post privacidad que está llegando y no habrá forma de evitarlo. ¿Cómo haremos que este mundo post privacidad sea habitable, seguro y agradable para vivir?", señaló.

Este entendimiento en las sociedades occidentales puede no ser una prioridad, pero hablar de un escenario donde las tecnologías harán pública la intimidad de las personas, en sociedades donde la homosexualidad o la posición política son castigadas por gobiernos se convierte en una cuestión de vida o muerte.

En esta línea de pensamiento, Kosinski encuentra algunas respuestas para sobrevivir al mundo post privacidad. Por un lado, la tolerancia en las sociedades donde la orientación sexual, la ideología o las características íntimas de una persona no ameriten castigo ni representen un riesgo para la vida.

La educación para evitar la manipulación de la gente así como para el entendimiento de la tecnología y los algoritmos será esencial, dice el experto. De esta forma se podrán contrarrestar los efectos negativos y corregir los algoritmos del cómputo cognitivo que pudieran generar resultados indeseados.

También la educación tecnológica, asegura, será esencial para evitar que los seres humanos sean reemplazados por máquinas en el campo laboral.

Y es que por más que se quiera limitar la exposición de las personas por la entrega de sus datos a empresas y gobiernos, lo cierto es que el big data será el combustible que ponga en funcionamiento el mundo del futuro, mejore su calidad de vida e incluso apoye la investigación científica.

"Es como pagar impuestos. Si le das a la gente la opción de pagar o no los impuestos, tarde o temprano vamos a decidir no pagar impuestos porque todo el mundo se siente mal al pagarlos. Pero la mayoría de la gente entiende que los impuestos mantienen funcionando a la sociedad. Es lo mismo con los datos: el compartir tu información de salud es riesgoso, desagradable y potencialmente negativo para ti como persona, pero a nivel social es un gran servicio para todos los demás", consideró el experto.

julio.sanchez@eleconomista.mx

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