¿Podemos ver los sueños de las máquinas?
Durante siglos, los artistas han utilizado la tecnología como una herramienta para mejorar la calidad de sus obras y la vertiginosa innovación tecnológica que ha tenido lugar en las últimas décadas ha mantenido esta práctica.
Captura de pantalla de una de las imágenes de Twitter de Klingemann. Foto: Twitter @quasimondo
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Se dice que el artista holandés del siglo XVII Johannes Vermeer utilizó una cámara oscura para pintar algunos de sus cuadros, algo que también se le atribuye al pintor alemán del siglo XVI Hans Holbein, sobre todo cuando se observa la extraña posición en la que colocó la figura de un cráneo humano en el centro del cuadro Los embajadores. Durante siglos, los artistas han utilizado la tecnología como una herramienta para mejorar la calidad de sus obras y la vertiginosa innovación tecnológica que ha tenido lugar en las últimas décadas ha mantenido esta práctica.

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Mario Klingemann es un artista que crea software generador de arte, al que alimenta con fotos, videos y dibujos que se transforman en código informático a través de las técnicas más recientes de reconocimiento visual y aprendizaje de las máquinas, según un artículo de la revista Wired. Su último proyecto público es una instalación interactiva online llamada X Degrees of Separation (X grados de separación), la cual utiliza el reconocimiento facial para hallar conexiones visuales entre dos imágenes dentro de una inmensa colección que cubre miles de años de historia del arte.

Así como Vermeer utilizaba una cámara oscura, Klingemann hace uso de las redes adversarias generativas, un tipo de algoritmos de inteligencia artificial compuesto por dos redes neurales que compiten una contra otra en un juego de suma cero. Algunos científicos computacionales usan esta tecnología para corregir errores en imágenes de radiotelescopios; también son utilizadas para entrenar sistemas que procesen el registro médico de pacientes. Klingemann hace uso de esta tecnología para generar imágenes que combinan los estilos de los retratos del siglo XIX y las selfies del siglo XXI.

De acuerdo con Wired, “dentro de las grandes plataformas digitales, como Google, Facebook y Twitter, las redes neuronales identifican automáticamente las fotos, reconocen los comandos que se hablan en los teléfonos inteligentes y traducen las conversaciones de un idioma a otro (...) Ahora, con un generador de arte llamado DeepDream, Google ha revertido el trabajo de estas redes neurales. No están reconociendo imágenes. Están creándolas”.

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Esta comparación de suma cero entre las redes neurales semeja el proceso de sueño de una persona, una ponderación entre los diferentes momentos vividos durante el día y sus relaciones con el inconsciente. Por eso, de acuerdo con Wired, lo que esta tecnología hace es mostrarnos los sueños de las máquinas. Más allá de esta poética imagen que nos recuerda a Phillip K. Dick y a Ridley Scott, cabe hacerse la pregunta de si una imagen generada por un algoritmo de inteligencia artificial puede ser considerado arte y si es así, ¿quién es el autor? ¿la máquina o el artista?

Queda claro que tanto Klingemann, como todo aquel que desee acercarse a esta tecnología para producir arte, tendrá que enfrentar los mismos cuestionamientos que han enfrentado artistas con técnicas y herramientas innovadoras, como el expresionismo abstracto estadounidense o el llamado arte sonoro. “Estas nuevas formas siempre tienen dificultades para ser aceptadas por el establishment”, explicó Klingemann para Wired.

El artista, sin embargo, ha encontrado dificultades dentro de su propio trabajo debido a que requiere la suficiente información visual para que los resultados de las redes neurales sean interesantes. “De cada 1000 imágenes que produzco, dos o tres son grandiosas, 50 son prometedoras y el resto son feas o repetitivas”, dijo el artista. Otro de los obstáculos que ha encontrado es la inteligencia de las máquinas y los algoritmos, que aún no son capaces de reconocer plenamente todas las imágenes provistas por Klingemann, por lo que en la mayoría de sus obras los rostros se muestran deformes y en cierto grado, perturbadores.

“Lo estoy haciendo perturbador en este momento porque no puedo hacer nada que no sea perturbador, me gustaría poder hacerlo", dice Klingemann. “En dos o tres años, lo deforme desaparecerá, lo que podría hacerlo más espeluznante aún, porque no podremos distinguir de una foto o de una obra de arte pintada”. En este sentido, la mejor obra de arte generada por Inteligencia Artificial será aquella cuya elaboración y apariencia no parezcan artificiales.

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rodrigo.riquelme@eleconomista.mx

rrg

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