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Cinco de mayo, una batalla pérdida
La película se estrena con 400 copias el fin de semana; de manera simultánea llega a Estados Unidos.

Cinco de mayo: La batalla es una película hecha por encargo y con una inversión superior a 80 millones de pesos; es la más cara en la historia del cine mexicano.
El proyecto fue ordenando por el estado de Puebla, apoyado por el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, que otorgó el dinero de manera directa y cuenta con la participación de Televisa.
Pero vamos al resultado en pantalla. La película relata el triunfo del general Ignacio Zaragoza en Puebla ante la invasión francesa en 1862.
Un día histórico para México al vencer al Ejército más poderoso del mundo en un evento que sin duda tiene el argumento necesario para ser un gran proyecto cinematográfico.
Sin embargo, Cinco de mayo: La Batalla no lo es. Rafa Lara (Director de Labios rojos) no logra una dirección eficiente, se pierde en la historia y se obsesiona por copiar una batalla al estilo Hollywood pero de muy mala manera.
Si bien, la batalla resulta en un inicio espectacular, todo se pierde cuando han pasado 45 minutos y el asunto sigue igual: mexicanos matando franceses, con una cámara que no deja de moverse y que acaba por cansar y desesperar al espectador.
Faltan actores y es lamentable que Zaragoza sea interpretado por Kuno Becker quien no tiene el carisma y no transmite lo que significó ese día; como se puede ver cuando se dirige al Ejército; Kuno convierte el discurso casi en un popular Sí se puede al estilo Perro Bermúdez.
Entre sus virtudes, la película desmenuza la historia, aunque, de pronto, Rafa Lara se toma algunas libertades, como cuando atribuye a un complot la quema de una bodega de armamento, que -dicen los historiadores- fue un error humano más que una conspiración.
¿Qué le falta a Cinco de mayo? Dramatismo y personajes que conecten con el público; no existen héroes entrañables, no hay un clímax y la historia de amor entre un soldado y una mujer no conecta y ya ni hablamos de los antagónicos de caricatura.
Todo es una larga batalla bajo la lluvia, donde no importa si el muerto es mexicano o francés: lo que interesa es si ya se acabaron las palomitas.
Cinco de mayo: La batalla pasará con más pena que gloria; pero en EU, los latinos pueden convertirla en un éxito ante su devoción por una de las grandes victorias de México que, por desgracia, sólo retrasó la intervención francesa.