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La obra de Stravinsky, con orquesta y danza
La Filarmónica de la Ciudad de México y Delfos Danza Contemporánea prometen para Bellas Artes un montaje inolvidable de La consagración de la Primavera.

De los sonados homenajes que tiene la música clásica este año (Wagner, Verdi, Britten), probablemente el más poderoso y atractivo sea el de los 100 años del estreno de La consagración de la Primavera de Ígor Stravinsky.
Y de las presentaciones en México de esta aún increíble obra destaca en particular la que harán la Orquesta Filarmónica de la Ciudad de México y Delfos Danza Contemporánea, porque reviven la obra musical junto con una coreografía, como se hizo en el fracasado estreno en 1913.
En entrevista conjunta, José Areán, director de la Filarmónica, y Claudia Lavista, codirectora, junto con Víctor Manuel Ruiz, de Delfos, explican el inmenso valor revolucionario que tuvo hace un siglo La consagración de la primavera y cómo tratarán de revivirlo para el público contemporáneo.
El subconsciente aflora
Para Areán, La consagración fue un hit, por usar el término beisbolero , porque supo englobar el espíritu de su época.
A finales del siglo XIX y principios del XX, estamos en un rompimiento de la moral victoriana, de los lenguajes románticos y antiguos de todas las artes, donde Mahler, en su última sinfonía, está diciéndole adiós a la armonía del siglo XIX, donde Freud está declarando al sexo como algo innegable y de lo que se tiene que hablar para la sanidad tanto mental como cultural, donde la (ópera) Salomé de Richard Strauss, con cierta misoginia, convierte a la mujer en este punto de interrogación oscuro y un poco maligno, satanizado, una monstruosidad porque representa al subconsciente; es un momento donde se da a conocer el primitivismo en Europa con las exposiciones de otras culturas del mundo, está aflorando el subconsciente.
En ese contexto, a Stravinsky, todavía un compositor muy joven y desconocido en el mundo a pesar del éxito de El pájaro de fuego, se le empieza ocurrir la idea y estas imágenes de una Rusia pagana. Intenta rescatar una identidad precristiana que le diera sentido a los impulsos dionisiacos que se estaban gestando culturalmente. Stravinsky no buscaba un rescate antropológico, sino una especie de reinvención de una Rusia antigua, a la que mezcla con influencias africanas. Y hace un ritual precristiano para celebrar a la naturaleza con esta corporeidad. Es un ritual de sacrificio .
Esto hace que el ritmo sea el elemento rector de La consagración, porque el ritmo es el elemento musical que más vive en el cuerpo, que más lo mueve, más que la melodía o que la armonía. Tú puedes ver a los bebés, que al escuchar música rítmica empiezan a moverse aunque apenas se empiecen a sostener sobre sus piernas .
Pero es un ritmo asimétrico, cubista, muy siglo XX, donde no se está proponiendo que el gesto sea lógico y predecible, sino al contrario, desmontar toda la predictibilidad, que es parte de la fuerza de esta obra, que propone un ritmo y lo rompe y lo vuelve romper, al grado de que Stravinsky tuvo problemas para llevarlo a la notación musical. Él podía tocarlo en el piano, pero no sabía cómo anotarlo, tuvo que trabajar en la notación durante años. Y ahí se da cuenta de que está haciendo algo nuevo, que va a haber un antes y un después de La consagración de la primavera .
Del fracaso a la novedad
La música de Stravinsky pareciera un oráculo vigente que sigue hablando con la misma fuerza y prontitud , dice Claudia Lavista.
En términos de danza, La consagración también fue una revolución, explica Claudia Lavista. Nijinsky hizo un tratamiento del cuerpo muy diferente a lo que se estaba haciendo en ese momento [...] Deja las puntas por completo, tiene al sexo como un tema principal .
Sin embargo, no acabo de entender muy bien cómo fue que la obra musical trascendió y la coreografía no , comenta, y eso que parecía muy conectado con la visión de Stravinsky .
Claudia, Víctor Manuel Ruiz (como directores del montaje) y los otros cinco bailarines que participan y crearon la obra coreográfica partieron de cero. Y no sólo no tiene que ver con la anterior versión que hicimos, sino que no tiene nada que ver con lo hemos hecho con Delfos antes.
Hicimos un tratamiento desde lo cotidiano. Cuando abre el telón, ves un departamento y siete personajes que comienzan a tratar de interactuar y, en esa interacción, todo lo que tu creías que era de una manera se transforma. Es más o menos como con la música, no es predecible. Pasamos de una imagen y una acción a otra, a otra, a otra sin tener que explicar o justificar. Todo va con rapidez, como lo que vivimos ahora con la información, que todo lo queremos rápido, pero la obra al mismo tiempo tiene un subsuelo que va poco a poco construyendo las cosas, como si eso que estás viendo ha pasado desde hace mucho y va a volver a pasar.
La obra tiene referencias a temas como la indiferencia, la caída de las cosas, la crudeza, la falta de empatía, hay como monstruos contemporáneos. Es una obra que habla de lo que pasa ahorita, en el 2013, en el siglo XXI, como Stravinsky refleja lo que hasta pasando ahorita también.
Aunque es milimétrica, cuando ves la coreografía es como si se transformara en un gran caos. Es adrede. Más que llamarle danza, porque no lo es, ni danza-teatro o teatro físico, es una danza de acciones.
Normalmente, el movimiento de lo que hace Delfos va con la parte melódica de la música, hay una lógica en nuestras frases. Curiosamente, con esta obra, de manera natural porque no lo previmos, es al revés. Cuando aparecía el cuerpo del bailarín, nos parecía que no tenía que ver con la obra y lo anulábamos.
Es como gente normal, como no asumir una actitud de bailarín sino una actitud normal, cotidiana, como si no hiciera falta entrenamiento. Aunque claro que hace falta, es una obra muy física y riesgosa. Todo el tiempo estamos en riesgo de todo, de que nos caiga alguien encima o el sillón, de que se nos rompa una botella o que se prenda fuego y eso habla mucho de fragilidad y de vulnerabilidad.
Más adrenalina
No sólo los bailarines están en riesgo, Areán comenta que La consagración nunca es fácil, ni para los músicos ni para el director.
Aunque la hayas hecho muchas veces, hay momentos de adrenalina absoluta y continua, porque esta irregularidad espeluznante tienes que interpretarla de forma precisa y también crudamente. Viaja desde los tutti (toda la orquesta, y es una orquesta muy grande de cien músicos) hasta otras partes que parecen camerísticas, con dos trompetas o cinco violas, que están llenas de colorido orquestal que es muy original y tampoco es fácil.
De alguna manera, Areán quiere recuperar la sensación que le produjo La consagración cuando la escuchó a los siete años en la cinta Fantasía: Me acuerdo de esta parte donde los dinosaurios están luchando. Es un mundo de un gran poderío, como ver las cataratas del Niágara o una aurora boreal. Me hizo sentir pequeño y vulnerable .
El programa se completa con Bolero de Ravel, magnífica obra de la que ya no hubo tiempo de hablar.
manuel.lino@eleconomista.mx