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Mary Ellen Mark
La fotógrafa estadounidense fallece a los 75 años de edad.

La fotografía es perturbadora. Está fechada en 1965 en Trabzon, Turquía. Se trata de una imagen en blanco y negro que muestra a una muchacha de alrededor de 10 años que posa, con ropa y zapatos de niña pobre, pintada del rostro y con una postura corporal de adulta, como si estuviera buscando clientes en una calle cualquiera de un barrio miserable del mundo.
Hoy, esta toma de Mary Ellen Mark, fotógrafa estadounidense que la semana pasada falleció a los 75 años de edad, sería políticamente incorrecta, más si se conocen las circunstancias que, en su momento, se implicaron para la realización de la fotografía.
La niña, pese a su postura que pretende ser seductora, cual si se tratara de una prostituta joven, no es lo que sugiere la apariencia. Tampoco era lo que ahora podría invocar el título de la imagen: Street Child (Niña de la calle). Es, sí, una joven pobre que, al conocer junto con su familia a una estudiante becada en Turquía por el programa Fulbright, se arregló, según modelos que había visto, para que Mary Ellen la retratara: se pintó el rostro, se vistió con su ropa más vistosa e intentó ser agradable a la cámara.
Tal fotografía, una de muchas que Mary Ellen Mark tomara en Turquía hace medio siglo, fue el inicio profesional de una las fotógrafas más singulares del planeta, que lo mismo hacía fotodocumentales de la realidad en sus márgenes que, contratada para hacer foto-fija en grandes producciones cinematográficas, retrataba celebridades en su interpretación de tal o cual personaje.
Autora de 20 libros y antologada en cualquier cantidad de volúmenes colectivos y revistas, lo mejor de su trabajo es, por un lado, lo que se podría denominar fotografía callejera y, por otro, estudios o ensayos de fotodenuncia. Además de que, según cuentan, Mary Ellen poseía ese extraño don que provocaba que las personas le mostraran su intimidad para, a la postre, dejarla hacer retratos en sitios por lo general inaccesibles para cualquier artista.
Otra de sus fotografías clásicas, fechada en 1987 en Los Ángeles, California, The Damm in their Car (La familia Damm en su coche), retrata a un padre y una madre, ambos en el asiento delantero, y sus hijos, niño y niña, en el asiento trasero, que viven propiamente en su automóvil en una calle del norte de Hollywood.
La imagen en sí muestra de manera descarnada la violencia, las influencia de las drogas duras y la pobreza que propician las sociedades de consumo con sus habitantes más vulnerables. Mark, al respecto, decía que dicha toma le recordaba la tradición fotográfica iniciada por Dorothea Lange durante la hambruna en el sur de California en la década de los 20.
Sus fotografías de autor o, en este caso, de autora, pretendían ser la voz de los que menos tienen, mostrar las atrocidades a las que pueden llegar las personas con sus propias vidas, ya sea por falta de oportunidades, ya sea por la ausencia de educación, lo mismo en Etiopía que Estados Unidos, en Calcuta que Islandia, en México que Vietnam. Le atraía, por ejemplo, hacer fotodocumentales de circos itinerantes, donde exhibía cómo una persona ordinaria llegaba a realizar sucesos extraordinarios, pero, pese a dicho ilusionismo, la crudeza de la realidad se imponía en el conjunto.
Aquí en México, con la complicidad del pintor Francisco Toledo, llegó a dar algunos cursos de fotografía con cámara de carrete, nunca digital en Oaxaca, en los que Mary Ellen Mark becaba a los estudiantes con menores posibilidades económicas y los instruía en ese antiguo oficio de hacer visible lo invisible y que, si bien el arte nada tiene que ver con la ética, denunciar las miserias del planeta ayuda o alienta a su transformación.