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La maldición no es para siempre

En un encuentro que tuvo que alargarse hasta la tanda de penales, la máquina pudo romper con una sequía de títulos.

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Cruz Azul se sacudió la maldición de manera dramática, desde los 11 pasos en una tanda de penales, luego de no haber podido ante un equipo de Atlante repleto de suplentes que resultó respondón y que cayó 4-2 desde el manchón luego del 0-0 en los 90 minutos del compromiso que sólo fue bien jugado por pequeños lapsos.

Fue gracias al temple de Teófilo Gutiérrez, Javier Orozco, Alejandro Castro y Pablo Barrera, quienes acertaron, y a los yerros de Francisco Kikín Fonseca y Gerardo Venegas que minutos más tarde Gerardo Torrado pudo sonreír despreocupadamente y levantar el trofeo que instantes antes había sido grabado con el nombre del equipo.

Torrado, el capitán de La Máquina, levantó la copa al mismo tiempo que él y todos sus compañeros relajaban sus rostros, luego de cargar con 15 años de fracasos, de burlas, tras siete finales perdidas, cuatro de Liga, dos de la Concacaf y una de Copa Libertadores.

Fue gracias a la atajada de Chuy Corona, a un disparo de Jerónimo Amione en la agonía del partido, que más tarde el mismo arquero se terminó de vestir de héroe al atajarle el disparo a Kikín. Por eso, apenas echó fuera del arco el balón Gerardo Venegas, todos fueron a abrazar a Jesús, gran artífice del tercer campeonato de Copa en la historia del club cementero.

Por eso Gerardo, como capitán del equipo, sonreía, ansioso por tocar y levantar la copa que terminó con la sequía de 15 años, con las burlas, con las historias de fracaso cada ocasión que tenía el club todo puesto para volver a dar una vuelta olímpica.

Y Atlante, con un pésimo paso en la Liga en la que busca evitar el descenso, motivo por el cual su entrenador mandó mayoría de suplentes a la cancha, mostró la cara derrota, de la frustración. Daniel Guzmán y compañía querían retirarse el vestuario, quizá ya pensando en Chivas, contrincante con el que intentarán asegurar la permanencia.

Apenas se retiraron los Potros, comenzaron a aparecer las sonrisas de los futbolistas celestes, quienes agachaban la cabeza para recibir la medalla y esperar el momento en que Gerardo Torrado levantó la Copa al mismo tiempo que gritaban el título que por fin llegó, que contenían las lágrimas mientras cada uno de ellos besaba el trofeo. Quince años después de aquel torneo de Invierno 97 cuando ganaron la final de Liga ante León, Cruz Azul volvió a sonreír.

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