Buscar
Deportes

Lectura 4:00 min

Maratón, un dulce acompañamiento

Dominio africano, récord en la categoría femenil, pero los grandes protagonistas son los aficionados y los corredores que no tienen etiqueta de élite y que cada uno se inspira con sus motivos para completar los 42 km y 195 metros. Pasión, drama, corazón...

main image

¿Qué es felicidad? Correr 42 kilómetros, 195 metros y pegar un salto al llegar a la meta. ¿Qué diablos te da fuerza para, después de que has quemado más de 2,500 calorías, intentar un acto que en ese momento podría catalogarse como osado? El corazón —algunas veces— te obliga a hacer deliciosas locuras.

El Estadio de Ciudad Universitaria en la oscuridad entre las 6 y 7 de la mañana se iluminó de la luz de las playeras blancas y quien piense que un domingo a esa hora la ciudad de México duerme está equivocado, el maratón contagia de emociones, ilusiones, nervios, promesas, no sólo a los corredores sino a la gente que se organiza para empezar a escoltar a lo largo de la ruta a la persona que esperan ver y también comparten de su aliento y gritos de ánimo a los desconocidos que llevan, cada uno, su propia meta.

El himno Nacional anuncia que no queda mucho tiempo. Estás de frente al estadio, el marco de salida, al lado de los corredores de tu bloque. Rápido, tómate la selfie, abraza a tu compañero corredor, la llamada telefónica “nos vemos en el zócalo”, “te veo en el kilómetro 33”, estira los brazos, pega unos cuantos saltos, no queda mucho tiempo, te sientas listo o no ¡disparo! debes correr y comienza la ruta de 42 km que este año llevó al centro de la ciudad.

La primera prueba es la avenida de los Insurgentes, todos se ven aún frescos, mentalizados, con los tenis limpios, playeras secas, los pacers (las personas que se cuelgan un letrero que dice el tiempo que tienen planeado realizar) comienzan a marcar el ritmo, sabes que si quieres reducir tu tiempo es mejor mantenerte cerca de ellos, pero si sólo quieres terminar, trotas, no rebasas.

Todo se vale. Cada quien se inspira en lo que puede: en el amor, en el dolor, en la pérdida de un ser querido, en romper tu marca, en saber que tu carrera inspirará a muchos. No hay reglas, la única —si es que existe— es que nunca lo dejes de intentar.

La gente se vuelve multitud en cartulinas, música, disfraces mientras más vas avanzando en la ruta. Algunas personas sin playera oficial del maratón se incorporan a la ruta. Las marcas patrocinadoras tienen establecidos sus estands, los negocios locales aprovechan el evento para sacar una mesa y ofrecer productos a los corredores.

En el Maratón de la CDMX puedes recibir chocolates, refresco, café, gomitas, paletas, barritas de amaranto, pizzas, tacos y caguamas. Los corredores no deben temer, la gente arropa así, no te dejará sin una golosina a lo largo del camino.

Aquí, en la capital del país, nadie te deja nunca solo cuando corres. Ahí está el hongo de Mario Bros que más te vale tocar el cartel para que tengas poder, nunca desdeñes cuando un niño te extiende la mano para que la choques con él.

Ya después del kilómetro 30 empiezan las tragedias. Las personas que sólo caminan, las que ves tiradas tratando de controlar los malditos calambres, los que están vomitando por el esfuerzo y tú, con un poco de suerte, sigues, no paras, continúas, sueñas, te inspiras en lo que sea para seguir, mantener el ritmo y saber que ya estás cerca.

Y así avanzas, entre un mar de gente que nunca te dejará sola. ¿Has visto el Tour de Francia cuando las personas se arremolinan con los ciclistas y los alientan? Pues esto es lo más cercano que cualquier mortal puede vivir.

Cuando te das cuenta das vuelta en la calle de El Salvador ya en el centro de la ciudad y sabes que estás por tomar 20 de noviembre y todo habrá acabado y tu corazón se acelera y quisiera correr como nunca pero el cuerpo te da un piquetito en la pantorrilla y te dice: “No enloquezcas, eh”, y tú le haces caso pero sabes que desobedecerás el cansancio justo antes de cruzar. Ya a un paso de llegar y ahí, una locura, ¿por qué no? Das un brinco después de 42 kilómetros.

Sí, los maratonistas están un poco locos.

Temas relacionados

Únete infórmate descubre

Suscríbete a nuestros
Newsletters

Ve a nuestros NewslettersREGÍSTRATE AQUÍ
tracking reference image

Últimas noticias

Noticias Recomendadas

Suscríbete