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Geopolítica

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La amenaza de los proyectos amazónicos en Brasil

En los próximos años se construirán represas, carreteras, gasoductos y redes de energía valoradas en más de 30,000 millones de dólares, para aprovechar las abundantes materias primas de la región y transportar sus productos agrícolas.

PORTO VELHO, Brasil. Emplazado sobre uno de los principales afluentes del río Amazonas y rodeado por selva espesa, una cantera de construcción del tamaño de un pueblo pequeño bulle con excavadoras y casi 10,000 trabajadores que vuelan enormes pedazos de roca de la ribera.

Mientras papagayos azules y amarillos sobrevuelan, una red de tuberías alimentadas por un constante flujo de camiones vierten suficiente concreto como para construir 37 estadios de futbol.

La represa de Santo Antonio en el río Madeira, con un costo de 7,700 millones de dólares, integra el mayor plan de desarrollo concertado de Brasil desde que el gobierno militar abrió carreteras en la selva para poblar la enorme región durante sus dos décadas de mandato, a partir de 1964.

En los próximos años se construirán represas, carreteras, gasoductos y redes de energía valoradas en más de 30,000 millones de dólares, para aprovechar las abundantes materias primas de la región y transportar sus productos agrícolas.

La represa de Santo Antonio -que se construye en el estado de Rondonia, en la zona occidental de la Amazonia y comenzará a operar en diciembre del 2011- abrirá el camino para una ruta comercial entre los océanos Pacífico y Atlántico al hacer navegable una parte mayor del río Madeira.

Pero el colosal proyecto también podría hacer más difícil para Brasil mantener un nuevo rumbo como líder del movimiento ambientalista global.

El gobierno dice que dicho desarrollo es necesario para mejorar la vida de los 25 millones de habitantes de la región, que se cuentan entre los más pobres en la mayor economía de Latinoamérica.

Con la expectativa de que la economía crezca de 5 a 6% anual en los próximos años y mientras el país se prepara para ser sede de la Copa Mundial de Futbol 2014 y de los Juegos Olímpicos del 2016, el gobierno quiere asegurar el suministro de energía y una infraestructura adecuada.

Medidas inexploradas

Los críticos afirman que no todos los proyectos tienen sentido desde el punto de vista económico y que hay muchas medidas para ahorrar energía que no han sido exploradas, como cambiar de calentadores de agua eléctricos a solares.

Brasil revirtió años de oposición al establecimiento de metas de emisión de gases de efecto invernadero este año, al afirmar que pretende reducir la deforestación amazónica en 80% y disminuir en casi 40% las emisiones de gases de efecto invernadero para el 2020.

"Hablan de reducir la deforestación y aumentar los controles, pero invierten en estos megaproyectos", dijo Israel Vale, director del grupo ambientalista Kaninde en Porto Velho, capital de Rondonia. "La retórica no se adecua completamente con la realidad", agregó.

El presidente Luiz Inácio Lula da Silva, un pragmático exobrero metalúrgico, ha reconocido la importancia de enfrentar el cambio climático y la enorme contribución que tiene la destrucción de la selva en las emisiones de carbono.

Sin embargo, ha respaldado reiteradamente proyectos de infraestructura en la Amazonia y critica a extranjeros que dice que quieren preservar la selva como un parque, ignorando las necesidades de sus habitantes.

"Que no venga ningún gringo a pedirnos mantener un amazónico muriendo de hambre bajo un árbol", dijo Lula en la ciudad amazónica de Manaos en noviembre.

El presidente afirma que el país necesita de más ayuda financiera internacional para el desarrollo sustentable en la región, algo que reafirmará en Copenhague.

Proyectando trabajos

Nuevos centros comerciales, supermercados y hoteles que reviven el decrépito centro de Porto Velho son una muestra de la nueva riqueza que la represa de Santo Antonio lleva a una región de otro modo empobrecida.

Santo Antonio Energia, el consorcio que construye y que operará la represa, está formado por empresas brasileñas de energía y construcción, un fondo de pensiones, así como por bancos domésticos y extranjeros.

El impulso a las inversiones ha ayudado a muchas personas a conseguir su primer empleo, con sus beneficios correspondientes.

"La gente que quiere proteger la selva nunca ha pasado hambre ni carencias", dijo Antonia Meyrilen, una madre de 27 años que se capacita para ser carpintera.

Para Porto Velho los ciclos de auge y caída económica no son algo nuevo, dado que previamente ya vio bonanzas de la mano del caucho, el oro y la madera.

El poblado de Jaci-Paraná, a medio camino entre Santo Antonio y una segunda represa de tamaño similar que se construye río arriba en el Madeira, demuestra que la riqueza no siempre es sinónimo de progreso.

Además de camiones, la escena recuerda a un pueblo del Lejano Oeste en bonanza durante la fiebre del oro de California.

Bares y burdeles establecidos de un día para otro con toscas tablas de madera componen la calle principal, llena de barro, con mesas de billar y prostitutas para atraer a la clientela.

Tocadiscos y máquinas de videojuegos se oyen en la noche, mientras que puertas batientes revelan juegos de apuestas en salones traseros.

Abundan rumores de que terratenientes contrataron a un pistolero para que mate a arrendatarios que podrían reclamar parte de su compensación por casas que serán inundadas por la represa.

"Nuestro pueblo ha sido dado vuelta", afirmó Irene Nascimento, de 47 años, que administra un bar y tienda de artículos de primera necesidad.

"El precio de la tierra se triplicó en unos pocos meses, todo es caro, algunos ganan, otros pierden", dijo.

Santo Antonio Energia ha donado millones de dólares para proyectos filantrópicos, incluyendo la compra de pizarrones y computadores para escuelas, el rescate de una vieja ferrovía y la instalación de un muy necesitado sistema de alcantarillado en Porto Velho.

Cuando acabe la construcción de la represa, se acabarán la mayoría de los trabajos vinculados con el proyecto y los beneficios financieros se limitarán al pago de impuestos al erario público, aumentando el riesgo de que el auge nuevamente se vuelva una caída.

"Si los residentes aquí no se mantienen alerta y definen las políticas públicas que quieren, no obtendrán mucho de esto", dijo Ricardo Alves, director de desarrollo sustentable de Santo Antonio Energia.

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