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Opinión

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AMLO, entre el adanismo y el etnocentrismo

Fausto Pretelin Muñoz de Cote

El presidente de México aclaró el día de ayer, desde el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, que su visión de política exterior no existe.

El cuerpo de su discurso no es asimilable a la naturaleza del Consejo de Seguridad. Pudo haber sido un discurso electoral, de asamblea o del Foro de Sao Paulo, pero no un mensaje para ser leído en un foro con características y protocolos especiales.

El Consejo de Seguridad de la ONU es el único brazo del organismo cuyas resoluciones tienen naturaleza supranacional y metaconstitucional. El pleno de la Asamblea General no tiene esa característica.

El protocolo de la sala del Consejo de Seguridad invita a evitar el aplauso: mensaje contundente sobre los delicados temas que se abordan. El objetivo es claro: mantener la paz y la seguridad internacionales. 

En la Asamblea General no faltan los aplausos o actos histriónicos: “Aquí huele a azufre”, dijo en una ocasión el venezolano Hugo Chávez en referencia a que el presidente de Estados Unidos había tomado la palabra en el mismo estrado.

El presidente López Obrador lanzó críticas contra la ONU: “Nunca en la historia de esta organización se ha hecho algo realmente sustancial en beneficio de los pobres”, dijo.

Y le pidió que despierte de “su letargo y salga de la rutina”.

¿En dónde está la Cepal y los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), ambos vinculados a la ONU? Los esfuerzos siempre serán mejorables, pero plantear que nunca en la historia de la ONU se ha hecho algo en beneficio de los pobres es mentir o vivir en un hecho alternativo.

Las misiones de paz o las intervenciones han salvado a millones de personas de permanecer en lugares inhumanos.

Lo que más sorprende del discurso del presidente es la ausencia de asesores en la materia en los momentos de redactarlo. O no les hizo caso o ellos le aplaudieron.

No es difícil de imaginar lo que pasó por la mente del Secretario General de la ONU António Guterres en el momento en que escuchaba el mensaje del presidente de México.

El discurso del presidente tiene elevada eficiencia doméstica, pero su alcance internacional es nulo. La visión del discurso es adanista (tendencia a comenzar una actividad sin tener en cuenta los progresos que se han hecho anteriormente).

El presidente habla de respeto a los derechos humanos de los migrantes, en los momentos de represión de la Guardia Nacional en la frontera con Guatemala, donde inclusive, la semana pasada murieron dos personas. El presidente habla de evitar la violencia, pero al mismo tiempo guarda silencio sobre lo ocurrido en Nicaragua.

El salón del Consejo de Seguridad no es un aula para impartir clases de moral. El presidente mencionó a lo largo de su discurso palabras como: opulencia, frivolidad, élites, desvirtuando valores sociales, decadencia, desintegración social.

El mundo no solo está en México.

@faustopretelin

Fausto Pretelin Muñoz de Cote

Fue profesor investigador en el departamento de Estudios Internacionales del ITAM, publicó el libro Referéndum Twitter y fue editor y colaborador en diversos periódicos como 24 Horas, El Universal, Milenio. Ha publicado en revistas como Foreign Affairs, Le Monde Diplomatique, Life&Style, Chilango y Revuelta. Actualmente es editor y columnista en El Economista.

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