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Opinión

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Aznavour y la geopolítica

El cantante de origen armenio representó la diversidad cultural.

La muerte del cantante francés de origen armenio Charles Aznavour viene a recordarnos que la cultura es eminentemente política. Los dirigentes francés y armenio, el presidente Emmanuel Macron y el primer ministro Nikol Pachinian, recalcaron inmediatamente el significado político de la obra de uno de los mayores cantantes de toda la historia francesa.

Para Francia, no significa solamente la pérdida de un gran artista, es el primero en marcar la diversidad de la cultura nacional. 1,300 canciones y 80 películas enriquecen para siempre la cultura nacional. Se trata también de la pérdida de un artista que difundía la cultura nacional y la marca país en Europa, Estados Unidos, Medio Oriente, Japón y el mundo hispánico.

Para Macron, “Aznavour era profundamente francés, atado a sus raíces armenias y reconocido en el mundo entero”. Debía acompañarlo a la XVII Cumbre de la Francophonie que agrupa a 51 países miembro que siguen promoviendo el uso del francés en las relaciones internacionales (más de 30 países asociados y observadores, entre los cuales está México).

Pero para Armenia, la pérdida es aún más dolorosa, en palabras de su primer ministro: “es una pérdida enorme para el pueblo armenio y para el pueblo francés, es una perdida universal, pues creó valores universales que acompañarán a la humanidad por los siglos a venir”. Si bien este homenaje puede parecer grandilocuente y hasta exagerado, se explica debido al papel excepcional que el cantante desempeñó en la proyección mundial de la nueva Armenia independiente.

El terremoto que cambió al derecho internacional

Aznavour siempre reivindicó su identidad de hijo de sobreviviente del “genocidio” contra los armenios. En 1975, para el aniversario 60 de la matanza escribió una conmovedora canción “ils sont tombés” (“Cayeron”). El activismo político empezó en 1988, después del terremoto que mató a decenas de miles de personas en Erevan, capital de la Armenia todavía soviética.

Movilizó a los cantantes de su país, Francia, para grabar un disco que vendió 1 millón de copias, Pour toi, Arménie. Ese terremoto marcó el auge del “derecho de injerencia”, del deber de asistencia internacional. También fue un hito importante del derrumbe de la URSS y el renacimiento de una Armenia independiente. A partir de ese momento, el cantautor se volvería el armenio y el escaparate más famoso de la patria de origen de sus padres. 20 años más tarde se le concedió la nacionalidad armenia y luego se le nombró embajador de este país en Suiza y en instancias de la ONU.

Así, como ningún cantante de su generación, Aznavour marcó la evolución no solamente artística sino política y social de su país y, sobre todo, contribuyó a la consolidación del país de sus padres sin rencor ni violencia. Simboliza el enlace ineludible entre cultura nacional y relaciones internacionales y la utilidad de la primera para alcanzar objetivos de la segunda.

*Jefe del Departamento de Estudios Internacionales del ITAM.

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