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Opinión

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China y México: el dragón y el hámster

China tenía en 1980 un PIB nacional equivalente al que ahora tiene Nuevo León. Desde entonces ha crecido a una tasa anual promedio de 10 por ciento.

China preocupa porque crece mucho. México, porque tiene un crecimiento mediocre. En estas dos frases cabe un mundo de temas. No es el relato del Príncipe y el Mendigo, sino la historia de dos países en desarrollo que han seguido trayectorias muy diferentes. El dragón anunció que creció 10.2% en el 2010 y eso fue suficiente para sembrar nerviosismo en los mercados mundiales. Hay peligro de sobrecalentamiento en el motor más robusto de la economía mundial, advierten los expertos. Este crecimiento genera fuertes presiones inflacionarias en China y puede convertirse en un factor que aliente la inflación a escala global.

México tiene la inflación bajo control, pero no crece. Sobre todo cuando lo vemos en una perspectiva de largo plazo.

Desde el 2005 hemos crecido apenas 1.7% promedio, un poquito más que la población. No podemos revisar al alza la calificación crediticia de México porque tiene una tasa de crecimiento mediocre, entre otras cosas, dijo la agencia calificadora Fitch. Los papeles mexicanos tienen una nota de BBB . Están en la categoría de Grado de Inversión, pero en el último escalón.

China y México son dos de los grandes enigmas económicos de los últimos años. La nación asiática suscita la pregunta, ¿cómo es posible que haya crecido tanto ese país que era un zombie en la década de los 70 del siglo pasado? Nosotros motivamos exactamente la cuestión inversa: ¿cómo es que no ha despegado un país con tantas riquezas que cuenta además con la vecindad y el TLC con EU? Explicaciones hay muchas. El concepto Chinese economic miracle obtiene 90,700 respuestas en Google. Problemas economía mexicana entrega 565,000 resultados.

La idea del dragón dormido pasó a ser historia a fines de los 80. El discurso del milagro mexicano tiene casi cuatro décadas en la tumba.

China tenía en 1980 un PIB nacional equivalente al que ahora tiene Nuevo León. Desde entonces ha crecido a una tasa anual promedio de 10 por ciento. Ahora es 90 veces más grande que hace tres décadas. En el trienio pasado desplazó a Alemania y Japón. Por eso es la segunda mayor potencia económica del mundo. En algún momento, antes del 2030, rebasará a Estados Unidos, si mantiene su ritmo de crecimiento. ¿Su régimen autoritario podrá manejar el caos que emana del desarrollo económico? Esa es la gran pregunta, hasta ahora ha podido. México sigue siendo básicamente el mismo que en 1980. No me malinterpreten. Hemos vivido la transición a la democracia, la apertura comercial y un enorme proceso de privatización, pero esto no se ha traducido en una gran tasa de crecimiento.

Entre 1982 y el 2010, el promedio anual apenas supera el 2 por ciento. No hemos avanzado mucho en términos de riqueza per capita ni de abatimiento de la pobreza. Hemos sido como el conejo de Alicia en el País de las Maravillas, o si ustedes gustan, parecidos al hámster: nos hemos movido mucho para quedar en el mismo lugar.

Las comparaciones son odiosas, pero nutritivas. Al comenzar los 80, China miraba a México como un ejemplo a seguir. Copió el esquema maquilador y lo llevó a su máximo potencial. Ahora México mira a China.

Cada vez es menos un competidor y más un parámetro de referencia. No lo es para los temas de derechos humanos y libertades políticas. Es ineludible en la ejecución de las reformas económicas necesarias.

lmgonzalez@eleconomista.com.mx

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