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Opinión

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El IMSS no es árbol de Navidad

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Carlos Alberto Martinez Castillo

Un joven de 15 años me preguntó con relación a los candidatos y candidatas si alguno arreglaría la CDMX porque tiene muchos agujeros en las calles. El presidente Andrés Manuel López Obrador se hizo popular, en otras cosas, por haber recorrido en varias ocasiones todas las localidades del país, se dice que nadie como él conoce México a costa de su espalda y riñones en alusión a los miles de caminos sin asfaltar. El gasto público viene creciendo sustancialmente a pesar de ello, los caminos seguirán con agujeros. El año entrante se dispondrá de 9.1 billones de pesos de los cuales dos serán de deuda, no obstante, hay tal cantidad de compromisos en los tres niveles de gobierno que es previsible que las calles y caminos sigan igual; los usamos una y mil veces sin hacer mucho para mejorarlos.

Lo mismo que ocurre con el IMSS. Es difícil recordar cuándo se construyó el más reciente hospital de especialidades o de tercer nivel como se les conoce. En la información pública no se aprecia que se estén invirtiendo sumas importantes para la actualización de sus equipos, en apareamiento de la robótica con la medicina, que se de mantenimiento a profundidad o siquiera que se implementen programas agresivos de médicos familiares de primer contacto. Lo anterior viene al tema porque se informa que cada día recibe a más y más personas no sólo producto de la creación de nuevos empleos formales sino porque gobierno y congreso, deciden que cada día haya más beneficiados de un sistema que ya no aguanta más por las condiciones en las que se encuentra. Dicho de otra forma, se obliga al IMSS a recibir millones personas sin que notemos que su presupuesto crezca en proporción. El Seguro Social está sobrecargado sin medicamentos y materiales de curación suficientes, con las mismas instalaciones. No se sabe de la construcción de nuevos quirófanos, cuartos, laboratorios u hospitales, pero sí sabemos que, por disposición de los políticos, las empleadas domésticas, los jóvenes del programa construyendo el futuro, los que perdieron servicios de salud por la desaparición del seguro popular y recientemente todo aquel que lo desee tendrán todos sus servicios del IMSS. En la más reciente reforma al marco laboral legisladores hablan de manera grandilocuente que hasta 33 millones de personas podrán tener de manera voluntaria acceso al IMSS. Objetivamente y con la verdad por delante, cómo podemos pensar que el seguro puede atender a millones de personas más si tiene las mismas camas, instalaciones y personal. El IMSS no es un árbol de Navidad al que se le puede cargar de todo sin el suficiente presupuesto, infraestructura y capital humano. A los políticos y legisladores les gustan los anuncios y leyes que se vean bien, pero nadie sabe con qué dinero se van a pagar sus compromisos difundidos.

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Carlos Alberto Martinez Castillo

Doctor en Desarrollo Económico, Doctor en Derecho y Doctor en Historia del Pensamiento Filosófico Especialidades en desarrollo económico en Oxford University y en Economía Internacional en Georgetown University. Profesor en la Universidad Panamericana y la Ibero. Ha colaborado en la Presidencia de la República, el Banco de México, la Secretaria de Hacienda y Crédito Público, fue Ministro de Asuntos Economicos de la Embajada de Mexico en EEUU (Washington). Autor de libros en Regulación Financiera, Historia Económica, Política Fiscal, Políticas Públicas y Ética.

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