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El ídolo de barro

Nunca, en mis treinta y dos años de práctica del derecho, había visto tal cantidad de atropellos por parte de un grupo en el poder como los que protagonizó la impresentable Ernestina Godoy y los rufianes de Morena. Para conseguir su ratificación como supuesta “fiscal independiente”, Godoy acudió a todos los abusos de poder imaginables: aprehensión de opositores sin orden judicial, amenazas de muerte a miembros del congreso, intentos para bloquear los accesos a la Cámara de Diputados y otras tantas lindezas. Aun así, el mandato de los ciudadanos se impuso y Godoy no fue ratificada. En opinión de algunos se trató de una victoria pírrica (explíquele a su chairo favorito lo que esto significa), toda vez que se quedará como encargado de despacho un incondicional de Godoy, en tanto se ponen de acuerdo los partidos para conseguir la mayoría calificada que se requiere para el nombramiento del nuevo fiscal. Sin duda esto es un problema, porque Morena no aceptará a nadie que no sea sumiso, incondicional y, sobre todo, cómplice. Ya los conocemos. Van por todo porque saben que, para muchos de ellos, perder el poder significaría, también, tener que rendir cuentas de sus delitos. Seguramente la oposición se mantendrá firme y el encargado de despacho estará en funciones hasta que tomen posesión el nuevo jefe de Gobierno y los nuevos diputados, y entones sí, a la calle o a la cárcel.
Al margen del inconveniente que presenta la nula convicción democrática de Morena y su comportamiento de pandilla, la negativa y firmeza de los partidos de la Alianza mandan un poderosísimo mensaje político: sí se puede y no nos doblan. Este mensaje es una sana inyección de aliento para todos aquellos que no quieren a Morena en el poder pero que han creído la propaganda de que Sheinbaum va dos millones por ciento arriba de Xóchitl. El mensaje también es muy simple: el supuesto gigante de barro se está desmoronando.
Pero no debemos confiarnos. La confesión de Sanjuana Martínez de que el gobierno de López Obrador pidió un moche del 20% sobre la liquidación de los trabajadores de Notimex para destinarlos a la campaña de Claudia Sheinbaum, es apenas una gotita de agua en el gigantesco desfalco y desvío de recursos del obradorato. Ha sido tal el saqueo que son muy vulnerables, pero también, por ello, muy peligrosos. Todos los que hoy se creen eternos e intocables empezarán a pelear entre sí para conseguir el fuero que les permita mantenerse impunes, pero para López Obrador, Sheinbaum y sus familias, la única manera de asegurarse la impunidad es conservar el poder a toda costa, y no los detendrá escrúpulo alguno. Si ya vimos lo que Godoy (a quien, por cierto, Sheinbaum ofreció la impunidad de una senaduría) es capaz de hacer para mantenerse en el hueso, todo lo que usted pueda imaginar será poco frente a la desesperación del ídolo de barro.
Es cierto que en Morena hay un grupo de radicales ideológicos que aún sueñan con la gran mentira del comunismo, y son peligrosos, pero no tanto como los corruptos pragmáticos que se han cobijado bajo los delirios del megalómano. Esos son los más peligrosos, porque son capaces de traicionar hasta a su sombra. La unión de ambos grupos, utilizando todos los recursos del Estado y aprovechando la alianza de López Obrador con el crimen organizado no augura nada bueno para este 2024. Lo que nos podrá salvar, y estoy esperanzado en ello, es que desde 1994 los mexicanos nos hemos acostumbrado a ser ciudadanos y no pueblo. En la intimidad de la urna nos vamos a cobrar, una a una, todas las afrentas del narcisista cleptómano y su hueste de orcos.
@gsoriag

