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Opinión

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Escepticismo mundial

Sergio Mota Marín

A estas alturas del año, las previsiones optimistas del Fondo Monetario Internacional, realizadas hace dos meses, para el 2021, ahora parecen inciertas debido a que todavía no se ve el final del túnel recesivo.

A pesar de los billonarios desembolsos, la pandemia está allí y se refuerza con los rebrotes en muchos países y en ciudades importantes que rompieron el confinamiento y se olvidaron de que todo podría revertirse. Sobresale Estados Unidos, donde si no fuera porque los gobiernos estatales y las autoridades sanitarias federales, que han logrado contenciones rectificando precauciones, la situación sería peor, dada la indiferencia del presidente Donald Trump. En Nueva York, donde hubo un rebrote peligroso reciente, ya fue controlado debido a que el gobernador y el alcalde fijaron la lucha contra la pandemia como su prioridad.

Internamente en Estados Unidos se observa que la población está rechazando la ligereza de Trump en el manejo de la pandemia. El efecto político es que Trump pierde preferencias electorales y Biden sube; lleva 14 puntos arriba de Trump en los suburbios del país.

En Europa, al principio de esta semana, se celebró, en Bruselas, una reunión entre los jefes de Estado de los 27 países que integran la Unión Europea, para definir una política común de financiamiento para enfrentar la pandemia y sentar las bases de la recuperación económica.

En el seno de la Unión Europea hay enormes diferencias entre los jefes de Estado sobre las características del nuevo financiamiento por 750,000 millones de euros para los 27 países, de los cuales una parte será a fondo perdido y otra bajo la figura de créditos.

Hay países que rechazan la idea de recursos a fondo perdido; hay otros que no recibirán apoyos como Polonia y Hungría, debido a las violaciones a los derechos humanos. Hay dudas sobre el tratamiento a España, Italia y Grecia, debido a sus antecedentes de haber fallado en los acuerdos comunitarios. El liderazgo lo ejercen Alemania y Francia.

Dentro de cada país hay divisiones profundas, a medida que aumentan las desigualdades y crece la desconexión entre la política y la sociedad. La austeridad impuesta a los países endeudados ha tenido efectos devastadores: los ingresos se han reducido de manera considerable y el desempleo se ha disparado sobre todo entre los jóvenes con la consiguiente perspectiva de una generación perdida. De fondo, los líderes europeos han demostrado instinto de supervivencia, pero una escasa visión estratégica.

A estas alturas del año, las previsiones optimistas del Fondo Monetario Internacional, realizadas hace dos meses, para el 2021, mismas que descansan en la hipótesis de que el gran gasto público acabará con la pandemia y sentará las bases del crecimiento económico, ahora parecen inciertas debido a que todavía no se ve el final del túnel recesivo.

En este contexto, los países emergentes son los más rezagados por su dependencia de los mercados mundiales y porque al carecer de recursos no pueden realizar gastos importantes para enfrentar la pandemia y la recesión económica. Todo esto tiene efectos en las salidas masivas de capital y la menor inversión extranjera directa. Y, por supuesto, en la gobernabilidad.

La pandemia y la recesión económica nos están demostrando lo que le decía la Reina roja a Alicia en el cuento de Lewis Carroll, Alicia el país de las maravillas: “Aquí tienes que correr muy aprisa para permanecer en el mismo lugar. Si quieres cambiar de lugar, tienes que correr el doble más aprisa”.

smota@eleconomista.com.mx

Escritor y licenciado en economía, egresado de la Universidad Nacional Autónoma de México. De 1984 a 1990 fue embajador de México ante el Reino de Dinamarca, donde se le condecoró con la orden Dannebrog.

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