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Opinión

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Escudos y candados a favor del propósito empresarial

El arranque del 2022 estuvo marcado entre otras cosas, por la resolución del mediático caso en contra de la emprendedora norteamericana Elizabeth Holmes. Theranos, el nombre de su startup unicornio, prometía revolucionar la industria de la salud. A través de una muestra de una sola gota de sangre, su tecnología sería capaz de arrojar múltiples resultados a un costo bastante reducido en tiempo real. 

Con mucha rapidez Theranos logró conseguir ríos de inversión. A temprana edad y sin un conocimiento técnico sofisticado, Holmes persuadió a personajes como Bill Gates, George Shultz, Donald Lucas, Carlos Slim y Henry Kissinger a que se sumaran a su promesa como consejeros y/o inversionistas. Las miradas estaban sobre ella. Por fin, Silicon Valley tenía una mujer al mando. Sin embargo, en 2018, Holmes fue acusada de una estafa masiva por más de 700 millones de dólares. La acusación planteaba que se trataba de un elaborado fraude en el que se exageraron o alteraron datos. Ella siempre se declaró inocente. 

Un breve recorrido por algunos de los principales hitos de Theranos permite detectar algunos problemas de origen. En el periodo de 2005 a 2007, Elizabeth empieza a desarrollar los prototipos de su tecnología. Estos prototipos nunca funcionaron, lo que confirmaba el pronóstico de la profesora de Stanford Phyllis Gardner quien siempre afirmó que no era posible ejecutar la idea de Holmes. Para el 2007, Holmes había logrado recaudar 197 millones de dólares. Entre 2009 y 2010, inician conversaciones con los gigantes Walgreens y Safeway para poner la tecnología de Theranos en sus tiendas. En 2013 se hacen públicos los acuerdos con ambas empresas y en 2014 Theranos se valuaba en 9 mil millones. Para este punto, todavía no había un prototipo que funcionara de forma adecuada, sin embargo, la tecnología ya se utilizaba con pacientes. En medio de este recorrido, Holmes aparecía en portada tras portada, era premiada y reconocida como la Steve Jobs femenina. En 2015 el Wall Street Journal publica un artículo en el que desenmascara la realidad de Theranos: su tecnología nunca funcionó. 

Un proceso de innovación en la industria de la salud puede llevar hasta 15 o 20 años desde las fases iniciales de prueba hasta que el producto sale al mercado. Theranos estaba haciendo pruebas en pacientes seis años después del inicio del proyecto y sin un prototipo que funcionara. Esquivó con astutas maniobras los requisitos de la Agencia de Estados Unidos para la Administración de Drogas y Alimentos (FDA por sus siglas en inglés) y siguió atrayendo capital. 

La meca del emprendimiento y la innovación, Silicon Valley, ha validado una nociva cultura de “Fake it till you make it” (Finge hasta que lo logres). No solo se aprueban, sino que se incentivan las mentiras que denominan como “legítimas”. Quienes escuchan las propuestas de negocios de estas jóvenes promesas asumen que hay algo de “no cierto” en lo que están diciendo. Si esto se combina con el hecho de que la emprendedora parecía disfrutar de la atención, entonces estamos frente a una receta para el desastre. 

Adoptar un lente que nos obligue a hacer al entorno responsable implica preguntarnos si Holmes es la única culpable aquí. El famoso marco de gestión para los stakeholders o grupos de interés ha resultado muy útil y enriquecedor en las últimas décadas para garantizar que quienes dirigen las organizaciones sepan cómo co-crear valor con otros. La premisa central de este enfoque es que las organizaciones son una colección de interacciones entre actores que de forma conjunta construyen el propósito empresarial. ¡Vaya tarea!

Cuando nos asumimos como actores que están co-creando valor de la mano de la empresa, se convierte en tarea de todos los miembros de esta red escudar y proteger que el propósito perdure hasta en las más macabras de las circunstancias. En este caso, la joven y apasionada fundadora nos enamoró con la nobleza de su visión: hacer accesible la salud a millones de personas. No obstante, ante la falta de experiencia y expertise de Holmes, y las características del entorno en el que se desenvolvía, era deber también de su consejo, inversionistas, empleados, reguladores, entre otros, poner los candados suficientes para que esto no sucediera. De lo contrario, seguiremos perpetuando situaciones en las que se promueva el “Finge hasta que lo logres, pero si no lo logras, te hundo”.

*La autora es profesora del área de Entorno Político y Social de IPADE Business School.

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