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Gasolinazos Vs subsidios
El subsidio a la gasolina en México es un tema por demás controvertido. Su aplicación genera un beneficio al bolsillo de los consumidores, aunque desigual y a un precio relativamente alto para las arcas de la Federación. Su eliminación permitiría -en teoría- destinar más recursos a otros sectores de la economía nacional, pero a un costo político elevado y un aumento en la inflación.
Los llamados gasolinazos que aplica el gobierno federal el segundo sabado de cada mes permiten, por un lado, reducir de manera gradual el gasto fiscal en que incurre y, por otro, no afectar de golpe el poder adquisitivo de los mexicanos.
Sin embargo, ¿cuál es el punto de equilibrio entre la política de deslizamiento en el costo combustible y el subsidio a éste? La respuesta no es nada fácil, dado los efectos económicos y políticos que ello acarrea. La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) recomendó a las autoridades eliminar la ayuda asistencial que otorgan.
El organismo internacional expuso que la medida drena los recursos del presupuesto, por lo que gradualmente se tiene que abolir.
La OCDE estimó que México gastó el equivalente a 1.5% del Producto Interno Bruto (PIB) en promedio anual en subsidios a la gasolina, gas LP, diesel y electricidad, de 2005 a 2009.
No obstante, analistas sugieren redefinir la política que se aplica actualmente, de tal manera que la subvención se aplique en los sectores que generan más valor agregado en la cadena productiva del país, con lo cual -dicen- no sólo se lograría contener un incremento inflacionario, sino que se incentivaría el crecimiento.
En lo que va de la administración del presidente Felipe Calderón se han aplicado 63 gasolinazos, según cifras de la Asociación Mexicana de Empresarios Gasolineros (Amegas).
La magnitud es distinta, van de dos hasta ocho centavos cada uno. En 2009, cabe recordar, las autoridades decidieron suspender los ajustes a su cotización por la crisis económica, por lo cual en ese año sólo se observaron dos modificaciones.
Del 1 de diciembre de 2006, cuando Felipe Calderón tomó las riendas del país, al 12 de noviembre de 2011, la cotización del combustible de referencia (tipo magna) pasó de 6.74 a 9.64 pesos, lo cual significó un aumento de 43 por ciento.
Sin embargo, es de los aumentos más pequeños de los últimos sexenios, según cifras de la Secretaría de Hacienda. En la administración de López Mateos, detalló la dependencia, aumentó 900%, con Miguel de la Madrid 18,100%, con Carlos Salinas 136%, con Ernesto Zedillo 290% y con Vicente Fox 28 por ciento.
El incremento en el costo de la gasolina tiene un efecto multiplicador en el precio de los bienes y servicios del país. De acuerdo con el director general del Centro de Investigación en Economía y Negocios (CIEN), del Tecnológico de Monterrey, José Luis de la Cruz, por cada punto porcentual que sube el hidrocarburo, el Índice Nacional de Precios al Consumidor (INPC) lo hace en 0.2 por ciento.
Bajo ese escenario, el avance en la cotización observada en los primeros 11 meses del presente año (10%) tuvo un impacto inflacionario de 2 por ciento. Al 15 de noviembre, el INEGI informó que el INPC registró una tasa anual de 3.44 por ciento.
Del otro lado de la moneda están los recursos que el gobierno deja de recibir por subsidiar la gasolina, los cuales podrían ser dirigidos para otros rubros, como el combate a la pobreza o la seguridad, por ejemplo.
El costo del subsidio del cierre de 2006 al tercer trimestre de 2011 ascendió a 480,256 millones de pesos, más del doble de lo estimado por Hacienda para el periodo (171,075 millones).
La subvención, para dimensionar la cifra, es aproximadamente el monto que se transferirá por participaciones a las 32 entidades federativas en este año.
Lo peor del asunto es que la distribución del subsidio dista ser homogénea. Según la Secretaría de Hacienda, tan sólo 30% de la población que gana más concentra 53.2% de la ayuda asistencial que el gobierno federal otorga, mientras que los tres deciles con menores recursos sólo emplean 10.9 por ciento.
El tema seguirá dando de qué hablar. No se extrañe que en el camino hacia las elecciones federales sea un punto que se emplee como estandarte político para sumar o restar puntos en la contienda electoral.