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La incongruencia entre lo que queremos, pensamos y hacemos
Si queremos resolver nuestros problemas de dinero (y de otro tipo), tenemos que empezar a actuar de manera congruente.
Uno de los consejos más valiosos que me dieron mis padres fue: “Siempre sé congruente contigo mismo y con los demás. Siempre actúa en consecuencia con tus valores y tus principios”. He tratado de vivir mi vida siempre de esta manera.
Quizá por eso me he dado cuenta de que gran parte de los problemas de dinero (y de otro tipo) que afectan a muchas personas son causados por una gran incongruencia entre lo que quieren, lo que dicen, lo que piensan y lo que terminan haciendo. Como por ejemplo, las personas que dicen valorar la seguridad financiera, pero no tienen un fondo para emergencias. Cuando uno les pregunta la respuesta suele ser: “es que no me alcanza con lo que gano”.
En este caso les pregunto: ¿Si la seguridad realmente es tan importante para ti, de qué cosas tendrías que prescindir para ir juntando, poco a poco, este fondo? ¿Por qué no la pones hasta arriba de tu presupuesto, como una prioridad, antes de distribuir tu dinero en todas las demás cosas?
En realidad, formar un patrimonio es un proceso sencillo. Primero hay que ahorrar, luego invertir sabiamente ese dinero y repetir esto por el resto de nuestra vida. Mucha gente, sin embargo, hace lo contrario y se endeuda. O bien, se queja de que no puede ahorrar, porque no le alcanza con lo que gana. De esto hablamos ya ampliamente la semana pasada.
Desde mi punto de vista —lo reitero— se trata de un problema de voluntad. Sobre todo porque incluso la gente más humilde logra guardar aunque sea unas cuantas monedas para días lluviosos. No necesitan ser cantidades grandes de dinero: se puede empezar separando unos pesos nada más.
Para la gran mayoría de la gente es más fácil gastar más de lo que gana y recurrir al crédito para complementar el gasto. No se dan cuenta de que esa deuda hay que pagarla más adelante y eso significa que tendrán aún menos dinero para gastar en otras cosas. Comprometen parte de su ingreso futuro. Es fácil caer, sin embargo, porque toda la estructura financiera y comercial busca precisamente eso: incrementar nuestro consumo haciendo uso del crédito.
En fin, cuando uno realmente tiene el objetivo de construir un patrimonio, o ahorrar para un viaje, pagar una casa o liquidar sus tarjetas de crédito, tiene que actuar, en consecuencia, de forma congruente. Tiene que considerar esto como una prioridad y destinar así parte de su ingreso para ello antes que para cualquier otra cosa. Esto se llama, comúnmente, pagarnos primero a nosotros mismos.
Si en lugar de hacerlo ponemos pretextos, terminaremos nuestra vida sin conseguir lo que queríamos y culpando a los demás: al patrón, al entorno o al gobierno.
Otro de los problemas de muchas personas es la falta de congruencia con respecto a sus inversiones. El otro día me contactó una mujer porque a su esposo le ofrecieron inversiones en criptomonedas bajo la promesa de triplicar su dinero en unos cuantos meses. Él estaba considerando pedir un crédito personal para completar el monto mínimo, sin entender el riesgo que estaba corriendo. La promesa de multiplicar el dinero ciega, tristemente, a muchas personas.
Pero también he visto a muchas personas que invierten en instrumentos que no tienen nada que ver con su horizonte de inversión. Algunos ponen parte de su fondo de emergencia en la Bolsa (que es muy volátil y debe verse siempre con un horizonte de largo plazo) y otros invierten para su retiro (que no sucederá sino hasta dentro de 30 años) en pagarés a 28 días.
También están aquellos que mantienen su dinero en instrumentos que pagan menos que la inflación, porque tienen mucho miedo de perder lo poco que tienen. Esto es incongruente porque lo único que está garantizado ahí es la pérdida del poder adquisitivo de su dinero.
De esta forma nos podemos dar cuenta de que buena parte de las experiencias negativas con las inversiones suceden simplemente por actuar de manera incongruente.
Invertir no es tan difícil, pero uno tiene que tomarse el tiempo para entender los conceptos más básicos, que son sencillos y están al alcance de cualquiera. Como por ejemplo, tener una buena idea de nuestro horizonte de inversión, de nuestra tolerancia al riesgo y del tipo de instrumentos que estamos eligiendo.
La incongruencia entre lo que queremos, decimos y hacemos sucede también en otros muchos aspectos. Nos quejamos de las aseguradoras, pero ni siquiera sabemos lo que cubre o excluye la póliza, ni pagamos la prima a tiempo. Nos quejamos de los bancos, pero no nos cambiamos por uno que nos pueda brindar lo que realmente necesitamos.
Si queremos resolver nuestros problemas de dinero (y de otro tipo), tenemos que empezar a actuar de manera congruente con lo que pensamos, lo que sentimos y lo que realmente hacemos.
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