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La nueva Federación
Entre las grandes fallas de comunicación del gobierno federal está la argumentación sobre el altísimo saldo rojo de la guerra contra el crimen organizado: la enorme mayoría de muertos son delincuentes que infructuosamente se han opuesto a las Fuerzas Federales. No ha sido así ni en las semanas ni en los años recientes.
Los hechos se oponen a la versión gubernamental, apuntan en la dirección contraria. No sólo por la violencia que rápidamente se extendió, de la frontera chica a todo Tamaulipas y Nuevo León, sino por los enfrentamientos que además se suscitan en Chihuahua, Durango, Guerrero y Morelos: los cárteles de la droga están disputándose el territorio y las autoridades nada pueden hacer para impedirlo.
El mapa del narcotráfico en México ha sufrido un cambio radical desde que el PAN llegó al poder. En las áreas de orden y seguridad de la administración calderonista comienza a hablarse de nuevos grupos, distintos a los que alimentaron la narrativa oficial durante los primeros tres años del sexenio.
El Cártel del Golfo y el Cártel de Sinaloa han unido fuerzas con La Familia Michoacana para formar un nuevo supercártel, La Nueva Federación , acreditó Scott Stewart, analista de Stratfor, el think tank estadounidense especializado en temas de seguridad e inteligencia.
Ambas organizaciones se han aliado para luchar contra Los Zetas y la organización de los hermanos Beltrán Leyva.
En realidad, la lucha entre los cárteles lleva dos sexenios. Su detonante fue la muerte de Amado Carrillo Fuentes, en 1997, que derivó en el debilitamiento del Cártel de Juárez. Y su catalizador fue la reactivación de Joaquín Guzmán Loera, El Chapo, quien después de escapar de prisión, en el 2001, buscó apoderarse de aquella plaza. Poco después fue asesinado Ramón Arellano Félix y en el 2002, los cárteles del Golfo y de Sinaloa intentaron remplazar, a sangre y fuego, al Cártel de Tijuana.
En aquellos años nació lo que se conoció como La Federación, que funcionó más bien como una mesa de acuerdos que como un megacártel y tuvo una vida efímera. En el 2004, los cárteles volvieron a pelear, poco después de la captura del entonces jefe del Cártel del Golfo, Osiel Cárdenas Guillén, cuando El Chapo envió a Los Negros a intentar tomar el control de sus territorios e inicia una serie de choques violentos en Nuevo León y Tamaulipas.
Al frente de Los Negros estaba Edgar Valdéz Villarreal, La Barbie, y llegaron primero a Nuevo Laredo. Fue entonces cuando surgieron Los Zetas, para combatirlos.
Ahora se busca el exterminio de los exoficiales del Ejército mexicano, que desertaron para servir a los narcotraficantes. Pero no sólo eso. Hay otros movimientos, en este realineamiento de los cárteles: la organización de los Beltrán Leyva se volvió en contra de El Chapo. Y La Línea y Los Aztecas, que representan lo que queda del Cártel de Juárez, recientemente han emprendido algunas acciones perentorias, que buscan contrarrestar a La Nueva Federación y entre las que se contaría los atentados contra empleados del consulado de Estados Unidos en aquella ciudad fronteriza.
La nueva composición de los grupos refleja una nueva dinámica en esta lucha. La Nueva Federación busca el exterminio de Los Zetas, quienes se han independizado y ahora actúan no sólo como sicarios, sino como distribuidores de drogas. Las embestidas iniciales de la nueva organización contra los exmilitares tuvieron éxito, sin embargo, éstos ya emprendieron un reagrupamiento táctico. Su derrota parece ahora poco probable.
En el corto plazo, quizá la única esperanza para lograr el equilibrio y reducir la violencia es que La Nueva Federación sea lo suficientemente fuerte para aniquilar organizaciones como Los Zetas, a los Beltrán Leyva y al Cártel de Juárez y hacer valer la paz gracias a su fuerza , según Stewart, analista de Stratfor.
Vecino protegido
Han pasado cinco meses de la muerte de Edgar Enrique Bayardo del Villar, el exmando policiaco que fue acusado de brindar protección al Cártel de Sinaloa pero que no fue encarcelado, sino que fue integrado al programa de testigos protegidos.
Lo mataron en el Starbucks que se ubica en una esquina del centro comercial de Pilares, en la colonia Del Valle. Las pesquisas han puesto al descubierto que era vecino de Andrés Manuel López Obrador, de acuerdo con el testimonio de José Solís Castillo, el asistente del testigo protegido (¿desde cuándo pueden tenerlos?) que lo acompañó hasta sus últimos minutos de existencia.
La PGR lo tenía bajo custodia en un departamento, de tres recámaras y dos cajones de estacionamiento que está en una torre de seis pisos, marcada con el número 1515 de la calle Heriberto Frías. Pagaba 9,000 pesos de renta.
Sólo tres locales separaban a Bayardo del excandidato presidencial, quien de ser cierto ese testimonio contaba con más seguridad que el testigo protegido. Casi todos los días en el mismo lado de la acera, frente al Aqua Gym, es posible ver estacionado un automóvil Volkswagen Jetta color gris perla, placas 632 SBH, propiedad del Gobierno del Distrito Federal. Dos policías capitalinos, asignados a la seguridad de la esposa de López Obrador, Beatriz Gutiérrez Müeller. Otros dos, que tripulan un Jetta blanco, custodian a López Obrador.