Lectura 4:00 min
¿Otra crisis de la tortilla a la vista?
Cuando a principios del 2007 los precios de los alimentos empezaron a subir, se dio un escenario de pánico que se apoderó no sólo de los mercados de commodities, sino de los mercados sobre ruedas.
Subía el arroz y el trigo, pero sobre todo subía el precio del maíz, lo que por supuesto que le pegaba directamente al más emblemático de los alimentos nacionales: la tortilla.
El gobierno entrante tardaba en reaccionar ante una crisis inédita en el mundo, en donde con el pretexto de la moda de los biocombustibles los precios de los granos se disparaba.
La clase política opositora había encontrado en el tortillazo el pretexto perfecto para minar más a un gobierno que había empezado con la debilidad que le propinaba la ira de un candidato que resultó mal perdedor como López Obrador.
Los precios de la tortilla rápidamente subieron de los 3 y 4 pesos por kilo hasta los 7 u 8 pesos. Con casos extremos de 20 pesos por un solo kilogramo de un alimento indispensable para muchas personas que no tienen ingresos suficientes para cubrir lo más básico.
Pero, ¿realmente había una crisis alimentaria o se trató de una burbuja especulativa?
El paso de los años y la recesión mundial del 2008-2009 desinfló esa burbuja y dejó ver el componente especulativo del episodio. No sólo en los mercados financieros que se dedican a la compra-venta de expectativas de precios de los productos básicos. También se dejó ver la especulación comercial.
Había periódicos que en un afán de hacer política partidista ponía un día sí y otro también los inflados precios del kilo de tortillas en sus portadas y acusaban la falta de acción del gobierno para contener la carestía.
Claro que sus planes eran minar el capital político del gobierno entrante, pero en el fondo lo que hacían era garantizar a los especuladores que con su periódico en la mano se podrían amparar para subir los precios adonde quisieran.
Había una crisis real en los mercados internacionales de materias primas derivada de la presión que ejercían las economías emergentes numerosas. China, India y Rusia demandaban cada día más productos intermedios para su despegue industrial.
Porque subió el arroz, pero también el acero. Se incrementó el maíz, pero también el petróleo. Se convirtieron, sobre todo los chinos, en un monstruo que deglutía cuanto commodity generaba el resto del mundo.
El círculo virtuoso de chinos, rusos e hindúes se cerraba con un mayor poder de compra de millones de nuevos consumidores para demandar alimentos más completos y nutritivos, como la leche, que antes no consumían en aquellos países.
Si sumamos la idea de generar biocombustibles a partir de moler comida, tenemos los componentes perfectos para un fenómeno real de escasez y especulación.
Hoy, los precios otra vez han subido de forma importante. Los precios del trigo, por ejemplo, han alcanzado incrementos no vistos en 50 años. Pero a pesar de ello, vale la pena preguntar si realmente estamos ante una nueva escalada en los precios de la comida.
La respuesta parece estar en la debilidad de la recuperación mundial y en la lección aparentemente aprendida de los combustibles derivados de alimentos insuficientes.
Pero que no haya las condiciones de la crisis alimentaria perfecta de hace tres años no significa que se pueda desatar el pánico, la política y la especulación.
La primera piedra
¿Se va Alejandro Werner de la Subsecretaría de Hacienda? El senador del PRI, Manlio Fabio Beltrones le raya los cuadernos al Presidente y adelanta este cambio, que es uno muy sensible en su equipo.
El puesto y el personaje hacen de este posible movimiento un básico para la administración de Calderón. Sobre todo porque Werner es reconocido y respetado en todo el mundo financiero.
La misma Secretaría de Hacienda dice que no, que ninguno de sus funcionarios tiene planes de dejar su puesto. Y que, por lo tanto, no es una especulación válida.
Pero con la novedad que el tan citado Subsecretario mandó un breve correo electrónico a la agencia Reuters diciendo algo así como: Sí me voy .
Caray, desmentir una confirmación así está francamente complicado.
Lo que queda claro es que si se va, será después de entregar todo el paquete para el próximo año y después de que los mercados asimilen que si se queda alguien del tamaño de José Antonio Meade en ese puesto, no habría mayores problemas.