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Opinión

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Transfuguismo: señal de deterioro democrático

Benito Nacif

Cuando las democracias funcionan, los políticos profesionales cambian muy poco de partido. La afiliación a un partido político importante se vuelve una condición necesaria para ganar cargos de elección popular y, más aún, para realizar carreras políticas largas y exitosas.

Una democracia de calidad se basa en una especie de matrimonio de conveniencia entre los políticos profesionales y los partidos políticos. Los primeros necesitan una “marca” partidaria suficientemente bien posicionada entre los votantes, que vuelva competitiva una candidatura. Los segundos necesitan candidatos atractivos para ganar en las elecciones.

Un sistema de partidos estable y competitivo beneficia a los votantes. La existencia de marcas partidarias fiables permite tener una idea más o menos clara de qué esperar una vez que los candidatos llegan al cargo. Así al emitir su voto pueden aspirar a influir en la definición de las políticas públicas. 

Las marcas partidarias fiables también facilitan la rendición de cuentas. Las expectativas generadas por la afiliación partidista canalizan las ambiciones de los candidatos. Una vez en el cargo, promueven un comportamiento responsable. Si las traicionan, sus partidos pagarán por ello en las urnas en la siguiente elección.

Por ello, la práctica generalizada del transfuguismo político –el cambio de un partido a otro por parte de la élite de políticos profesionales– constituye un síntoma inconfundible de crisis del sistema de partidos. Cuando la afiliación partidista es producto del mero oportunismo, refleja los intereses electorales inmediatos, más que una visión política de largo plazo.

A juzgar por lo ocurrido en la selección de candidatos a las seis gubernaturas que se renuevan en 2022, el sistema de partidos de México continúa su proceso de descomposición. Los institutos políticos parecen incapaces de canalizar de forma constructiva el conflicto de ambiciones entre sus cuadros.

El grupo parlamentario de Morena tuvo una defección relacionada con la selección del candidato a la gubernatura de Quintana Roo. El senador José Luis Pech, quien fuera el candidato de Morena en 2016, se reveló en contra de la postulación de Mara Lezama. Aceptó la invitación de Movimiento Ciudadano (MC) para contender como su abanderado, después que se cayera la candidatura de Roberto Palazuelos, el famoso Diamante Negro.

En Durango, la postulación de Marina Vitela dividió al partido oficial. El senador José Ramón Enríquez rechazó la postulación de la alcaldesa de Gómez Palacio, una política de larga militancia en el PRI duranguense que en 2018 se cambió a Morena. El senador Enríquez, un consumado tránsfuga de la política, aún no abandona las filas morenistas, pero ya opera en contra de Vitela.

El PAN sufrió dos pérdidas significativas en este ciclo de postulaciones. La senadora Martha Márquez abandonó las filas blanquiazules tras perder la candidatura a la gubernatura de Aguascalientes a manos de la diputada María Teresa Jiménez. Se sumó al grupo parlamentario del Partido del Trabajo en el Senado, antes de ser postulada como candidata a la gubernatura.

En la Cámara de Diputados, el PAN perdió a la diputada Alejandra García Morlán, quien se sumó al grupo parlamentario de MC para luego ser postulada como candidata a la gubernatura de Oaxaca.

El PRI parece haber tenido menos defecciones en 2022, pero solo porque el desangrado de cuadros tricolores tuvo lugar justo antes de la elección presidencial de 2018. Los actuales candidatos de Morena en Hidalgo y Tamaulipas saltaron al nuevo partido después de largas carreras en el PRI.

Morena ha sido el beneficiado de la descomposición del PRI, PAN y PRD. El ascenso del partido guinda se ha basado en el reciclaje de sus cuadros. La persistencia del transfuguismo, sin embargo, indica que el deterioro de la calidad de la democracia mexicana continúa. 

*Profesor del CIDE.

Twitter: @BenitoNacif

Benito Nacif

El Dr. Benito Nacif es profesor de la División de Estudios Políticos del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE). Fue Consejero Electoral del Instituto Nacional Electoral (INE) del 2014 al 2020 y del Instituto Federal Electoral (IFE) del 2008 al 2014.

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