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Decrecimiento económico como solución ambiental y climática
Cierto campo intelectual y político cree que, si el mundo fuese más pobre, quedarían resueltos los graves problemas ambientales que aquejan al planeta. Esta creencia se envuelve en el llamado Decrecimiento (Degrowth) que postula una vida más austera, menor consumo, menos servicios públicos, y una masiva redistribución de riqueza e ingreso. No es difícil atisbar en ello un intento más de desacreditar a las sociedades capitalistas, democráticas y liberales, una vez que el socialismo marxista expuso todos sus horrores, y que las utopías comunitaristas han demostrado que son poco más que curiosidades antropológicas. (Elinor Ostrom en Governing the Commons es otra cosa; trata de soluciones específicas comunitarias al problema de la acción colectiva en pequeña escala). Capitalismo y libertad son consustanciales. No existen países democráticos que no sean capitalistas. El crecimiento económico es consecuencia de la libertad de emprender, de comprar y consumir, de trabajar, de contratar, y de intercambiar, del avance científico y tecnológico, de la propiedad privada, y de la propensión humana irreprimible a mejorar, conocer y saber más, y a progresar. Desde luego, el crecimiento económico no es un designio impuesto por un Big Brother, que pueda cancelarse. De entrada, revertir el crecimiento del PIB implicaría un régimen totalitario capaz de sofocar la libertad, la democracia y la propia naturaleza humana, de imponer conductas y decisiones a los ciudadanos, y de despojar arbitrariamente a unos para beneficiar a otros, algo odioso e inaceptable para la gran mayoría, e impracticable y suicida para cualquier político.
La idea del Decrecimiento ganó tracción desde el informe del Club de Roma sobre los Límites del Crecimiento en 1972, y las obras del filósofo francés André Gorz, en especial, de su obra Adiós al Proletariado; más allá del Socialismo de 1980. (El mundo ya tuvo una experiencia de Decrecimiento del PIB impuesta por los gobiernos: ocurrió en la pandemia de Covid, con resultados desastrosos, en especial para los más pobres y vulnerables: más pobreza y desempleo). Y el Decrecimiento es un concepto incoherente e inútil. Resolver problemas ambientales y reducir emisiones de Gases de Efecto Invernadero (GEI) no exige decrecer y empobrecer, al contrario. Los países más ricos son por lo general, ambientalmente más sustentables casi bajo cualquier indicador. Esto se ilustra de manera elocuente por la curva “U” invertida de Kuznets que ha sido ampliamente documentada, así como por el proceso de Transición Forestal. En las primeras etapas de desarrollo puede haber un deterioro ambiental y deforestación notables, sin embargo, estos se revierten a partir de cierto umbral de ingreso. Los casos en el mundo son innumerables, el más reciente y espectacular, el de China, por cierto, hacia donde se han “transferido” todo tipo de industrias desde los países desarrollados. Las tecnologías necesarias para combatir el calentamiento global han sido desarrolladas y sólo podrán ser multiplicadas y desplegadas en una pujante economía de mercado, con el apoyo de gobiernos fiscalmente solventes (capaces de recaudar cada vez más impuestos de ciudadanos y empresas cada vez más ricos). El financiamiento imprescindible sólo puede proceder de un mayor ahorro, y de la intermediación de bancos, fondos de inversión, organismos multilaterales, y otras instituciones financieras del capitalismo. De hecho, es evidente el Desacoplamiento entre las emisiones de GEI y el PIB en gran parte de las economías avanzadas. Es decir, son más ricas, mientras sus emisiones se reducen absolutamente, o en términos de Intensidad de Carbono (CO2/PIB). El Decrecimiento echaría a perder todo esto.
La fobia contra el PIB (“PIB fobia”) implícita o explícita en el Decrecimiento es irracional. Si bien el PIB es una medida imperfecta del desempeño y estado de un país, es la mejor disponible. No sólo mide el tamaño de la economía y la riqueza (PIB per cápita) sino que guarda una muy estrecha relación con cualquier parámetro de calidad de vida y bienestar. Las correlaciones entre PIB per cápita y esperanza de vida, educación, mortalidad infantil y materna, servicios públicos, felicidad (sí, felicidad), satisfacción, libertad, e Índice de Desarrollo Humano, son asombrosas (https://ourworldindata.org/happiness-and-life-satisfaction). Finalmente, no puede tomarse en serio el Decrecimiento como corriente de pensamiento: sus limitaciones intelectuales son palmarias. Un reciente meta-análisis de la literatura sobre el Decrecimiento, en la prestigiada revista especializada Ecological Economics, da cuenta de ello. La gran mayoría de las 561 publicaciones valoradas son opiniones más que análisis; casi no existen análisis cuantitativos y modelos formales; se trata mayoritariamente de casos parroquiales o anecdóticos, no representativos, sin implicaciones posibles para la economía en su conjunto; no son sistemáticos ni hay evaluación de políticas; y, carecen de referencia a soluciones a problemas o procesos ambientales o climáticos concretos. (Ivan Savin, Jeroen van den Bergh. 2024. “Reviewing studies of degrowth: Are claims matched by data, methods and policy analysis?” Ecological Economics. Volume 226). Todos aquellos que creen en el Decrecimiento, primero, deben corregir la calidad abismal de su literatura, si en verdad quieren que se les tome en serio.