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Navegando con bandera nacional
Sobre la bandera –su concepto, historia y simbolismo- se han escrito muchas cosas y se sospechan varias más. Para despejar la duda podemos comenzar por el diccionario y leer muy simple definición de bandera: “trozo de tela generalmente formado por bandas de distintos colores sujeto por uno de sus lados a un palo o asta que constituye la insignia de una nación u otra colectividad”. El día para celebrar a la nuestra, está consignado en ley y es, justa y precisamente, hoy, 24 de febrero. Y sus honores, realizados este día en todas las ceremonias oficiales y todavía cada lunes en algunas escuelas, se acompañan con música, entonando el himno nacional y otros cánticos. Entre ellos, aquel que dice “es mi bandera la enseña nacional” y cantábamos siempre en la primaria y suponiendo que nos la sabíamos perfectamente y completa.
No teníamos idea, pero ponerle música a lo de los “céfiros y los trinos" era maravilloso: un misterio semántico que nadie nos había explicado, pero sonaba muy bien. Algunos, ya más entrados en una fastidiosa pero ilustrada adolescencia, sospechábamos, con toda razón que no decía “enseña” -¿qué no se supone que tal palabra es un verbo? – que más bien la palabra era “insignia” y habíamos decidido no cantar tal vocablo por dificultoso y para no hacernos bolas con los significados y la garganta. Lo de “muy adentro en el centro de mi veneración” lo cantábamos sin empacho a pesar de que en el original dice “muy adentro en el templo de mi veneración”. No estábamos para confundir al templo con la patria y no nos íbamos a arriesgar a ninguna discusión teológica. Durante muchos años, cada Día de la Bandera, la famosa melodía (cuyo título oficial no se sabía pero responde al nombre de Toque de bandera) estaba presta para ser entonada. A nadie, la verdad, le preocupaba ignorar la existencia de otro fantástico estribillo: “Almo y sacro pendón que en nuestro anhelo, como rayo de luz se eleva al cielo, inundando a través de su lienzo tricolor, inmortal nuestro ser de fervor y patrio ardor.” (Le apuesto, querido lector, que usted tampoco lo sabía).
Pero estamos a tiempo de despejar las dudas y honrar también a los autores del muy famoso Toque de bandera, tampoco muy conocidos. Resulta, lector querido., que la música es de Juan P. Manzanares y la letra de Xóchitl Palomino. Esta última, maestra y alma inspirada, nació en la ciudad de México, en 1932 y fue hija del mayor de infantería y jefe de traductores del Estado Mayor Presidencial Mariano Palomino Villaseñor, y de la educadora Magdalena Contreras Millán. Graduada de la Escuela Nacional de Maestros en la que estudió la carrera de profesora de educación primaria en 1947 y de educación preescolar en 1950 recibiendo mención honorífica en sus exámenes profesionales. Cursó dos años en la especialidad de Psicología en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM y en la Escuela Normal Superior de México realizó la carrera de maestra en Pedagogía, en la rama de Didáctica y Organización que terminó en 1968. Durante su niñez tomó clases particulares de piano y comenzó a escribir canciones desde muy joven. Fue en el año de 1972 cuando por acuerdo del Subsecretario de Educación Primaria y Normal, se le responsabilizó de la supervisión de las escuelas normales para profesoras de educación preescolar de la República Mexicana. Por entonces ya se cantaba su famoso Toque de Bandera.
Pero para hoy, Día de la Bandera, dejemos los rigores biográficos y las frivolidades y repasemos algo de la Historia de nuestro lábaro patrio. Dice la tradición que fue Agustín de Iturbide el que izó la primera bandera nacional, justo la que llevó el Ejército Trigarante en su camino triunfal celebrando la consumación de la Independencia. Sin embargo, no estorba saber que existieron otras. En 1813, las fuerzas insurgentes comandadas por José María Morelos diseñaron otra insignia nacional: una bandera de seda blanca, bordeada por una cenefa de cuadros azules y blancos, en cuyo centro se montó un ´águila posada sobre un Nopal y que tenía bordada una leyenda en latín que rezaba: "Oculis et unguibus asqué victrix" que significa "Con los ojos y las uñas, igualmente victoriosa". Previamente, existió otra que parecía la bandera de un pirata. Fue conocida como el Doliente de Hidalgo, era roja y negra, con los huesos cruzados de una calavera. El mismo Iturbide, al declararse emperador, transformó la primera que había izado, y puso en el centro un águila coronada mirando a la derecha.
Más no se preocupe usted lector querido: hoy lunes, solamente es necesario, como decía el patriótico poeta, reconocer que por ignorancia no sabemos las cosas necesarias y por error a veces las sabemos mal, pero que siempre es posible corregir. Dejar de navegar con bandera de sabio o de indolente honrar debidamente a la bandera. Ya después, revisamos la historia de los héroes que nos dieron patria y cantamos la canción completa.