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¿Hay que esperar 100 años más para la igualdad de género en el trabajo?
El mundo del trabajo ha tenido avances en igualdad de género, pero son muy lentos para el tamaño del reto. Las oportunidades son escasas y los estereotipos aún están arraigados.

Hay que acelerar las medidas para impulsar la igualdad de género en el mundo del trabajo.
Suena exagerado, pero no lo es. Según el último Global Gender Gap Report del Foro Económico Mundial, nos tomará más de 100 años cerrar la brecha salarial entre hombres y mujeres a nivel global. Sí, un siglo. Como si la igualdad fuera un lujo que puede esperar. Como si alcanzar condiciones justas fuera una promesa que solo se pospone.
Y eso que ya vemos avances. Hay más mujeres en puestos de liderazgo, más dueñas de empresas, más directoras generales que desafían los moldes tradicionales. En el primer semestre de 2024, el 33% de los nuevos nombramientos de CFO o jefe de finanzas a nivel global fueron mujeres. Sin embargo, apenas el 27% de los asientos en consejos directivos está ocupado por ellas. Hay progreso, pero el paso es lento. Muy lento.
Lo preocupante es que, a pesar de los datos, aún persisten estereotipos que frenan el crecimiento. Se sigue creyendo que las mujeres están menos comprometidas con su carrera por tener (o querer tener) una familia. Que son menos capaces de liderar en situaciones de presión. Que son demasiado emocionales. Y lo peor es que muchos de estos prejuicios siguen incrustados en la cultura corporativa, disfrazados de “criterios objetivos” o de “falta de perfil”.
El resultado son menos oportunidades, menos promociones, más barreras invisibles. No importa que el talento esté ahí. Si la estructura no cambia, las mujeres seguirán jugando un juego que no diseñaron y en el que las reglas nunca las favorecen del todo.
Las empresas que ya incorporaron liderazgo femenino y prácticas de diversidad no solo están haciendo lo correcto, están ganando. Son más rentables, más resilientes y más atractivas para inversionistas. Porque en un mundo que cambia a toda velocidad, las organizaciones que se adaptan son las que sobreviven. Y para adaptarse, hace falta pensar distinto. Hace falta tener líderes con trayectorias, visiones y contextos diversos.
Entonces, ¿por qué seguir esperando? ¿por qué aceptar que la igualdad es una meta lejana y no una urgencia? La equidad salarial y el liderazgo femenino no deberían verse como temas de agenda social, sino como pilares estratégicos. Hacen que las compañías funcionen mejor. Y también hacen que el mundo sea un poco más justo.
La conversación sobre igualdad necesita más voces masculinas que se sumen, no desde la culpa, sino desde la conciencia de que todos ganamos con una sociedad más justa. No se trata de quitarle espacio a unos para dárselo a otros. Se trata de abrir más espacio para todos.
Y también se trata de ver más allá del número. No basta con tener una mujer en el consejo. Hay que escucharla, respaldarla y permitir que influya en la toma de decisiones. La verdadera inclusión se nota cuando no hace falta pedirla.
Ojalá no tengamos que esperar 100 años para darnos cuenta de eso. Ojalá no se necesiten más cifras para demostrar lo evidente. Hay que trabajar para que más mujeres estén listas y para que el sistema las adopte rápidamente, es un trabajo de equipo y es un trabajo de todos.