Buscar
Opinión

Lectura 7:00 min

Sacar a la economía global del carril lento

La economía mundial ha evitado la recesión, a pesar del aumento más pronunciado de las tasas de interés globales desde la década de 1980. Pero, sin una cooperación internacional más fuerte y políticas que promuevan la prosperidad compartida, el crecimiento seguirá siendo demasiado lento para respaldar el progreso en materia de desarrollo y reducción de la pobreza.

WASHINGTON, DC. Con el crecimiento global estabilizándose por primera vez en tres años, la inflación ha alcanzado su nivel más bajo en tres años y las condiciones financieras mejoran. La economía global parece estar en su camino final hacia un aterrizaje suave. Pero estas noticias positivas no pueden oscurecer la sombría realidad: más de cuatro años después de que comenzara la pandemia de Covid-19, el mundo –especialmente las economías en desarrollo– aún no ha emprendido un camino prometedor hacia la prosperidad.

Como muestra un nuevo informe del Grupo del Banco Mundial, la tasa a la que se está estabilizando el crecimiento global anual (2.7%, en promedio, hasta 2026) es significativamente menor que el promedio del 3.1% en la década anterior a la pandemia. Eso es insuficiente para respaldar el progreso en objetivos clave de desarrollo. Para finales de este año, una de cada cuatro economías en desarrollo será más pobre que en vísperas de la pandemia. En 2024-25, la mayoría de las economías del mundo crecerán más lentamente que en la década anterior al Covid-19.

Dado que se espera que las tasas de interés globales promedien el 4% hasta 2026 –el doble del nivel de las dos décadas anteriores– es poco probable que esta perspectiva cambie. En lugar de esperar un golpe de suerte, los gobiernos deberían trabajar para impulsar el crecimiento a largo plazo fomentando la productividad, el espíritu empresarial y la innovación en un entorno de cooperación internacional más estrecha.

Éste es el modelo que floreció tras la caída del Muro de Berlín. Fomentar el flujo de bienes, capital e ideas a través de las fronteras hizo posible aproximadamente 25 años de prosperidad global sin precedentes, durante los cuales la brecha entre el ingreso per cápita en los países más pobres y más ricos del mundo se redujo significativamente. Antes de la pandemia, el fin de la pobreza extrema parecía estar al alcance de la mano.

Pero la cooperación internacional se ha estado fracturando en los últimos años. Están proliferando las medidas diseñadas para frenar los flujos comerciales transfronterizos. Dado que muchas economías importantes celebran elecciones este año, la incertidumbre sobre la política comercial es mayor que en cualquier otro momento de este siglo. Todo esto sucede en medio de una persistente debilidad de la inversión: en 2013-23, el crecimiento de la inversión en las economías en desarrollo cayó a menos de la mitad de la tasa de la década de 2000.

Esto ayuda a explicar por qué se espera que el crecimiento del ingreso per cápita en las economías en desarrollo promedie sólo el 3% hasta 2026, muy por debajo del promedio del 3.8% en la década anterior al Covid-19. Muchas economías en desarrollo no lograrán ningún progreso en cerrar la brecha de ingresos con sus contrapartes de economías desarrolladas en el corto plazo, y esa brecha se ampliará a casi la mitad en los primeros cinco años de esta década: la proporción más alta desde la década de 1990.

Pero también hay puntos positivos en la economía global. Estados Unidos, en particular, ha demostrado una resiliencia impresionante, y el crecimiento se mantiene boyante incluso en medio del ajuste de política monetaria más rápido en cuatro décadas. El dinamismo estadounidense es una razón clave por la cual la economía global tiene cierto potencial de crecimiento en los próximos dos años.

Entre los mercados emergentes, India e Indonesia destacan por su buen desempeño. Impulsada por una vibrante demanda interna, una creciente inversión y un dinámico sector de servicios, se prevé que la economía de la India crezca un 6.7% por año fiscal, en promedio, hasta 2026. Por su parte, se espera que Indonesia crezca un 5.1%, en promedio. durante los próximos dos años, gracias en gran medida a una clase media en ascenso y a políticas económicas prudentes.

Estas economías demuestran que se pueden mantener altas tasas de crecimiento, incluso en condiciones difíciles. Si otros quieren lograr un éxito similar y mejorar su propio potencial de crecimiento a largo plazo, deben promulgar políticas que fortalezcan el capital humano, impulsen la productividad y alienten a más mujeres a ingresar a la fuerza laboral. Para ello es fundamental una inversión pública eficiente y bien focalizada.

En las economías en desarrollo, la inversión pública representa, en promedio, sólo una cuarta parte de la inversión total. Nuestra investigación muestra que aumentarlo en tan sólo el 1% del PIB puede incrementar el PIB total en más del 1.5% en el mediano plazo e impulsar la inversión privada hasta en un 2% en aproximadamente cinco años. Los beneficios son mayores en países con un historial de inversión pública eficiente y, fundamentalmente, suficiente espacio fiscal para aumentar el gasto.

Para algunos países –especialmente los pequeños países en desarrollo (con poblaciones de menos de 1.5 millones)– éste es un desafío formidable. Los pequeños países en desarrollo, con sólo 17 millones de habitantes, enfrentan desastres naturales relacionados con el clima a un ritmo ocho veces mayor, en promedio, que en otras economías en desarrollo. Para empeorar las cosas, dos quintas partes de estos países se encuentran en problemas de deuda o corren un alto riesgo de sufrirla.

Pero esto no significa que los gobiernos de los estados pequeños no puedan encaminar sus economías por un camino más estable y próspero. Por el contrario, tienen un margen considerable para movilizar más ingresos de fuentes internas, que ofrecen una base fiscal más confiable que los flujos externos. Ellos pueden también crear marcos fiscales –incluidos fondos de emergencia– capaces de hacer frente a frecuentes desastres naturales y otras crisis, y mejorar la eficiencia del gasto público, especialmente en salud, educación e infraestructura. La coordinación de políticas internacionales y el apoyo financiero pueden complementar estos esfuerzos.

Las autoridades tienen buenas razones para celebrar: la economía mundial ha evitado la recesión, a pesar del aumento más pronunciado de las tasas de interés globales desde la década de 1980. Pero también deben reconocer que, en gran parte del mundo, el crecimiento sigue siendo demasiado lento para respaldar el progreso en materia de desarrollo y reducción de la pobreza. Sin una cooperación internacional más fuerte y políticas que impulsen la prosperidad compartida, la economía global seguirá estancada en la vía lenta.

El autor

Indermit Gill es economista jefe y vicepresidente sénior de Economía del Desarrollo del Banco Mundial.

El autor

M. Ayhan Kose es economista jefe adjunto y director del Grupo de Perspectivas del Banco Mundial.

Copyright: Project Syndicate

www.project-syndicate.org

Únete infórmate descubre

Suscríbete a nuestros
Newsletters

Ve a nuestros Newslettersregístrate aquí
tracking reference image

Últimas noticias

Noticias Recomendadas

Suscríbete