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Opinión

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Resolver el rompecabezas de la industrialización de India

India ha crecido un 6% anual desde 2000, impulsada por los servicios, pero enfrenta desindustrialización y baja productividad agrícola, limitando su crecimiento frente a economías emergentes.

JIUJIANG CHINA-Dec 4, 2012:Jiujiang light industrial enterprises Nobel Ceramics Co., Ltd. production workshop, the workers are building ceramic tile products, products exported to Southeast asia.

JIUJIANG CHINA-Dec 4, 2012:Jiujiang light industrial enterprises Nobel Ceramics Co., Ltd. production workshop, the workers are building ceramic tile products, products exported to Southeast asia.humphery

NUEVA DELHI – A primera vista, la economía india parece estar prosperando. Desde el año 2000, el crecimiento anual del PIB ha alcanzado un promedio del 6%, impulsado en gran medida por el sector de servicios. Los servicios de alto valor agregado, en particular, se han convertido en los principales motores de las exportaciones y del crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB). 

Pero, a pesar de este récord impresionante, India no ha logrado reproducir la industrialización acelerada de otros gigantes económicos emergentes como China. De hecho, el país ha experimentado una importante desindustrialización en las últimas décadas, poniendo en peligro sus perspectivas de crecimiento a largo plazo.

Para agravar el problema, el porcentaje de la agricultura en el PIB ha disminuido de manera sostenida, pese a que el sector sigue empleando al 43% de la fuerza laboral. Esta tendencia refleja, en general, la baja productividad de la mano de obra en la agricultura —especialmente en el amplio sector informal— en comparación con el sector no agrícola.

Como los costos laborales de China han aumentado, muchos analistas previeron una expansión masiva de la base industrial de India. Con su enorme oferta de mano de obra, India parecía lista para atraer a inversores internacionales en busca de mano de obra manufacturera de bajo costo, lo que, a su vez, fomentaría las economías de escala. Pero, mientras los sectores manufactureros de economías mucho más pequeñas, como Bangladesh y Vietnam, han crecido rápidamente en los últimos años, India se ha quedado rezagada.

Los analistas suelen señalar factores inhibidores, como la rigidez de la legislación laboral india, las tasas elevadas de sindicalización, la infraestructura inadecuada y el sistema de titulación de tierras. Pero, aunque estas cuestiones sin duda han influido en la limitación de ciertas industrias, estas explicaciones no tienen en cuenta el hecho de que los 28 estados y los ocho territorios de la unión de India tienen una autonomía considerable en materia de políticas laborales, territoriales y de infraestructura. Si las normativas laborales o la sindicalización fueran los principales obstáculos para la industrialización, algunos estados habrían ajustado sus políticas para obtener una ventaja competitiva y emerger como potencias industriales. Pero, a pesar de las importantes diferencias políticas y estructurales entre los estados, este no ha sido el caso.

Una explicación más plausible reside en la modificación del tipo de cambio real de India tras la liberalización de la cuenta de capital en 1991. Estas reformas, introducidas en respuesta a una crisis de la balanza de pagos, provocaron la apreciación de la rupia, erosionando la competitividad de las exportaciones indias y frenando la industrialización en todos los estados y territorios.

Aunque actualmente se está produciendo una cierta reversión de los flujos de inversión de cartera debido a las elevadas tasas de interés estadounidenses, que han permitido la depreciación de la moneda, es probable que esto se vuelva a revertir.

Por otra parte, las entradas de capital desencadenadas por la liberalización de la cuenta de capital de India han impulsado la demanda de activos nacionales, alimentando un auge del mercado de valores e impulsando al alza los precios inmobiliarios. Este exceso de demanda se vio compensado, en parte, por la apreciación nominal, que provocó una revalorización de los activos nacionales frente a las divisas extranjeras.

Sin duda, hay múltiples factores detrás del estancamiento de la industrialización de India. Pero muchos de los problemas del país en este frente pueden atribuirse a un desequilibrio entre la liberalización agresiva de la cuenta de capital y reformas comerciales inadecuadas. La estrategia de India podría decirse que es un reflejo de la de varios países latinoamericanos, que liberalizaron sus cuentas de capital antes de reformar sus políticas comerciales. En cambio, Francia no liberalizó su cuenta de capital hasta 1989, recién después de establecer un marco comercial sólido.

Aunque India redujo algunas barreras arancelarias tras ingresar a la Organización Mundial del Comercio en 1995, las barreras no arancelarias siguen siendo omnipresentes. Estas fricciones comerciales han desviado las entradas de capital hacia las inversiones de cartera, alimentando el auge de la vivienda e impulsando el consumo, lo que ha agravado los desequilibrios estructurales de India.

En otras palabras, los problemas industriales de India pueden atribuirse a una forma de “enfermedad holandesa”, que originalmente se refería al impacto económico de la apreciación de la moneda en los Países Bajos tras el descubrimiento del yacimiento de gas de Groningen en 1959. En el caso de India, la apreciación del tipo de cambio ha aumentado el contenido de la importación del consumo nacional, desplazando a la inversión y generando rentas para los monopolios de importación, que se han convertido en grupos de presión poderosos que se oponen a la fabricación nacional.

Dado que la creación de empleo sigue siendo esencial para el bienestar de la inmensa mayoría de la población, los costos de esta “enfermedad india” podrían ser enormes. Pero resolver el rompecabezas de la industrialización de India no es tarea fácil, ya que las élites empresariales y políticas del país tienen un gran interés en mantener el statu quo.

Invertir esta tendencia exigirá un compromiso firme de reorientar los flujos de capital hacia la inversión extranjera directa y eliminar las barreras comerciales, incluidas las que actualmente apoyan a los importadores monopolistas. Dicho esto, la reintroducción de controles sobre la cuenta de capital corre el riesgo de socavar la estabilidad financiera y disuadir a los inversores internacionales. Para gestionar estas disyuntivas y fomentar una economía más equilibrada y sostenible, será fundamental adoptar un enfoque estratégico y reflexivo.

Si reformara su cuenta de capital con un control de capital similar a la tasa Tobin para desincentivar los flujos especulativos, y si abordara los desequilibrios comerciales de larga data, India podría enviar una clara señal de que se toma en serio la idea de convertirse en una potencia manufacturera mundial. Aunque la economía india se enfrenta a otros muchos desafíos, la adopción de estas medidas crearía nuevas oportunidades para los inversores nacionales e internacionales, así como para los millones de indios deseosos de ayudar a transformar a su país en la próxima China.

El autor

Rabah Arezki, director de investigación del Centro Nacional de Investigación Científica de Francia (CNRS), es profesor titular de la Escuela Kennedy de la Universidad de Harvard.

El autor

Partha Sen es profesor emérito de Economía en la Escuela de Economía de Delhi.

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