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Parras de la Fuente, la vid en medio del desierto

Es un oasis rodeado de viñedos, nogales y calles históricas que invitan a los visitantes a recorrerlas.

Parras de la Fuente, Coah. Sol, arena, pequeñas piedras de grafito y grandes colinas son los elementos que componen el inmenso desierto de Coahuila.

Por momentos, recorrer estas entrañas inhóspitas evoca a la película Érase una vez en el Oeste (1968) de Sergio Leone. Pero, entre tanta adversidad climática, hay un paraje, un oasis llamado Parras de la Fuente, lugar donde pareciera que vive el mismísimo Dionisio, dios griego del vino.

Mónica Lavín, al presentar su novela Tonada de un viejo amor (2018) —cuya trama se desarrolló en Parras de la Fuente— asegura que los amantes de la vid tienen una obligación moral con este rincón de Coahuila, ya que justamente 77 años después de la llegada de los primeros españoles, la entidad se convirtió en el primer lugar donde hubo producción vitivinícola.

Por lo mismo, los habitantes del primer Pueblo Mágico del norte (nombrado en el 2004) están trabajando arduamente, como si se tratase de una deuda histórica que busca reivindicar la producción vitivinícola. Sus habitantes quieren que repunte el turismo y que también se sepa que en esta región se produce el mejor vino y el más antiguo de América.

“Parras de la Fuente ha sido uno de los mejores secretos guardados del país, muy pocos saben que aquí se producen muchos de los mejores vinos de México y del mundo. La mejor forma para conocer el norte de la República es visitando este pequeño pueblo, un lugar que enamoró a Francisco I. Madero y a Thomas Alva Edison”, cuenta Miguel Echavarría, director de la Oficina de Convenciones y Visitantes de Parras, a El Economista.

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Las calles pintorescas de Parras de la Fuente y el arbolado verdoso invitan al visitante a perderse y no volver a la cotidianidad.

De acuerdo con autoridades estatales, se encuentra dentro de los tres municipios más antiguos de Coahuila, y actualmente cuenta con más de 600 habitaciones que se distribuyen en hoteles campestres, boutiques y hostales.

“Estamos a dos horas del Aeropuerto Internacional de Monterrey y del Aeropuerto Internacional de Torreón. Además, hay vuelos directos con Ciudad de México y Guadalajara (...) Es muy fácil llegar, pero difícil irse, todos se quieren quedar a vivir”, señala Miguel Echavarría.

A diferencia de otras entidades, el agua en Parras de la Fuente es muy valorada, no solamente porque abastece a los grandes viñedos que rodean el valle sino también porque fue gracias a ella que se trazaron las calles de la urbe.

“Estamos rodeados de grandes montañas desérticas, por eso las calles no son rectas; hoy en día siguen esos riachuelos, cuando llueve las calles se siguen inundando y el flujo de agua que cae desemboca en cisternas de las casas, es una arquitectura única en su tipo”, asevera Francisco Aguilar, conductor y guía del tranvía de la entidad.

Precisamente, para conocer la ciudad basta con tomar un tour en el tranvía, mejor conocido como City Tour por Parras. El vehículo se puede tomar en la Plaza del Reloj, que es el sitio principal del pueblo, y tiene un precio aproximado de 30 pesos, con una duración de 45 minutos.

El recorrido comienza por la Parroquia de la Asunción de Santa María de Parras, construida en 1648, así como el templo de San Ignacio de Loyola, erigido en 1607. Para los historiadores y amantes de la historia, el tour también permite conocer el recinto Madero, casa donde nació Francisco I. Madero.

“La joya de la corona es la Iglesia del Santo Madero, incluso su estructura aparece en el escudo de la ciudad. El templo está en la cumbre del cerro del Sombreretillo, que se llama así porque parece un sombrero. Además, a un costado de la iglesia hay un mirador de 360 grados donde se puede ver cómo a Parras de la Fuente le rodea el imponente desierto coahuilense”, sostiene el guía.

Según los habitantes de Parras, después de subir al cerro del Sombreretillo, lo ideal es ir a nadar al Estanque de la Luz, una zona acuífera natural, en la cual se podrá convivir con peces, ubicada unos pasos del centro del pueblo.

El Estanque de la Luz fue construido a finales del siglo XIX, y la razón de tener ese nombre es porque ahí Thomas Alva Edison, quien era amigo íntimo de la familia Madero, instaló una turbina hidroeléctrica para hacer pruebas y producir energía. De hecho, fue Parras el primer poblado en América en contar con iluminación eléctrica.

Después de hacer un recorrido por Parras, el mejor lugar para descansar es Casona del Banco, ubicada en el centro de la ciudad, a unos pasos de la Fábrica la Estrella, que fue el centro de producción de mezclilla más impresionante del país hasta inicios del siglo XX.

Ruta vitivinícola

Una vez que se haya conocido el Pueblo Mágico de Parras de la Fuente, la siguiente parada es la ruta del vino, compuesta por más de 20 casas vitivinícolas, entre ellas los grandes consorcios empresariales, así como pequeños productores.

Sin embargo, hay tres casas esenciales para entender el mundo del vino en Parras:

La ruta comienza en el lugar donde nació el vino en América: Casa Grande Madero, fundada en 1568, que cuenta con más de 400 hectáreas. Se encuentra a menos de 10 minutos de Parras de la Fuente, donde hay actividades abiertas al público; por ejemplo, se pueden recorrer bodegas y viñedos de lunes a domingo, de 10 de la mañana a 16:50 de la tarde.

En esta casa vitivinícola está la Hacienda San Lorenzo, disponible para eventos como reuniones de negocios, bodas y aniversarios. En ella hay 22 habitaciones y el precio por noche es desde 3,500 pesos.

El siguiente punto para visitar es Viñedos Don Leo, que se encuentra a 40 minutos de Parras; sus propietarios son originarios de Linnich, Alemania, por lo mismo, el estilo de sabores que manejan es muy diferente a cualquier vino mexicano.

En este viñedo hay 500 hectáreas de terrenos y cuentan con lo último en tecnología. Son reconocidos por su higiene y extremo apego a las normas de salubridad.

Este lugar también es considerado como Viñedo Extremo por su altitud, porque se ubica a 2,100 metros sobre el nivel del mar; es muy difícil que las uvas se den a esta altura, pero en este territorio sí nacen.

Además de la maravillosa vista que ofrece este viñedo, rodeado por peñascos y montañas, también cuenta con una terraza estilo suizo. Precisamente, las familias de Monterrey eligen sus instalaciones para efectuar celebraciones.

Actualmente, está en pie la construcción del hotel boutique y se espera que en el 2021 comience a operar.

El tercer sitio por visitar es Posada Rivero González, especializada en producir vino rosado y blanco, con 38 hectáreas de extensión.

Este viñedo es de los más nuevos en la región, sin embargo, sus propietarios han trabajado de manera constante para posicionar su marca en el país y en el extranjero, incluso se tiene planeado que este año comiencen a operar con otro viñedo en New York, Estados Unidos.

De igual forma, este lugar es idóneo para aquellos que no conocen tanto del vino, ya que las explicaciones de las catas y el proceso de producción son amenos porque sus guías tienen formación pedagógica. También se puede recorrer sus viñedos a caballo o en calandria durante 45 minutos.

Para despedir y citando al alcalde de Parras de la Fuente, Ramiro Pérez Arciniega, “la entidad por sus viñedos y atractivos merece más que un fin de semana largo y también debe estar ubicada en la memoria de todos los amantes de la vid”.

estados@eleconomista.mx

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